Ayer en el Congreso del Estado de Puebla pasó algo que merece unas líneas con amor y unas gotitas de chisme reflexivo. Resulta que en plena discusión de la reforma contra el ciber-asedio (que básicamente castiga insultos y ofensas digitales), dos diputadas de Morena se subieron valientes a tribuna a contar su verdad: la diputada Grace Palomares soltó la bomba y dijo, textual, que a ella la han llamado “p…a del bienestar”. Después se subió Nay Salvatori y dijo que a ella también. Y miren, yo aplaudo que por fin se digan las cosas de frente, que nadie calle a las mujeres que sufren violencia digital, que nadie minimice el ciber-asedio ni el ciberacoso. Peeero (siempre hay un pero, obvio)… confieso que me deja un sabor medio amargo que hayan soltado tal cual esa palabrita en el pleno. Y no porque sea una persignada —¡para nada!—, sino porque repetirla así, sin anestesia, siento que refuerza justo la etiqueta que tanto nos pesa.
Les hablo clarito: TODAS, TODITITAS, hemos cargado con ese insulto alguna vez. Si nos va bien en la chamba, si nos vemos bien peinadas, si conseguimos un ascenso, si opinamos fuerte o si nomás respiramos bonito… siempre aparece el genio de la misoginia a gritarnos que “seguro fue por favores de cama”. Y no importa cuántos títulos tengas, cuántas horas extra trabajes, cuántos obstáculos hayas tumbado solita. La palabra de cuatro letras te persigue como sombra y se hereda de generación en generación.
Por eso me pregunto, con toda la sororidad del mundo: ¿No hubiera sido más potente que las diputadas denunciaran lo mismo, con la misma pasión, pero sin regalarle eco a esa etiqueta? O sea, pudieron decir: “A mí me difaman diciendo que obtuve mi puesto a base de favores íntimos”, y zas, les cierran la boca a todos sin tatuarse ellas mismas el insulto en la frente.
Ahora bien, no me malinterpreten: Grace y Nay son mujeres jóvenes, guapas, seguras de sí mismas, con carácter de hierro (me consta). Se arreglan, se maquillan, usan tacones y se visten bien porque se les da la gana. Y a eso hay que aplaudirlo, no juzgarlo. ¡Basta de que ser guapa sea pretexto para insultar! Pero tampoco quiero que normalicemos autoetiquetarnos con el nombre que nos duele. Mejor hablemos de lo valiosas que somos, de lo que hacemos, de lo que aportamos. De eso sí griten en tribuna, diputadas queridas.
Con mucho respeto hacia las diputadas y hacia todas mis lectoras, las invito a que, la próxima vez que nos llamen P.U.T.A., contestemos con un: “P de poderosa, Ú de única, T de talentosa y A de admirable”. Y si vamos a usar palabras de cuatro letras entre nosotras, que sean AMOR, VIDA o CAFÉ.




















