Fue encontrar y definir
de la luna el fulgor con que aparece
y abrir con la ventana su astillero
sin rumbo ni destino.
Como si de esa nuca desde atrás
brotara el sol dejado caer
por quien llegó a casa tarde
por una lluvia desterrada.
Tal si acabara de beber
el reflejo su última agua
de su propio instinto que cae
sobre tumbas enamoradas del silencio.
Como el sobresalto que quema
al producir la sorpresa
en el firmamento interior
que sella el momento en que el día mira.
Era la palidez que acongoja
los días nublados porque Dios
intenta regalar a la humanidad
el mejor destello del momento.
Tal si terminara de absorber
la mariposa sus bucles entrecruzados
con el vuelo irritante
de quien deja caer un milagro.
El tramo que te hace verte en el vértigo
de la niñez que mañana
hará torcer al cielo para arrancarle
el impensado nombre secreto.
Fue tan alto y asombroso
como la majestad que se inclina
si parpadeas con las puntas del tiempo
que te hacen peregrina.
Como dueña de la inquisidora luz
que se amilana entre el cruzar de ojos
y la estela dejada rondar
los interiores patios del amor. Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com












