En el amor no hay carne ni sexo
ni siquiera el olor de naturaleza
que expele sangre y células que se mueven
mutándose en su yo propio incendiario.
En el amor lo único que hay es rito
la capacidad de dar nombre al otro
de dejar la condición de huérfanos
y rendirnos a símbolo agonizante.
Nos enamoramos para dar libertad
a esa palabra que está cautiva y quiere irse
perderse en nuestros labios y volar
atarse al mundo de la irrealidad.
Enamorar es liberar al otro de sí
para regalarle su sorpresiva restauración
como la nada que se afirma cuando ama
y la fe que se distingue si tiene creencia
en la expresión que hace rostros de caras
paz de historias que no acaban nunca
sueño de horizontes que jamás se trazan
iras que se transforman en logros y promesas
en los sonidos que armonizan las cosas
para balancear este mundo con palabras
y darnos un concepto donde yacer unidos
entre razones yuxtapuestas con la masa
en la claridad que se antepone a la oscuridad
que quema nuestra connivencia con lo obvio
y vuelve lo volátil e intangible lo inservible
lo que merece no citarse por ser lo que se queda
en la sola extensión de un nombre sin cuerpo
que mece a la luna sin decir su nombre
o se calienta sin saber cómo decir vida
en la ignorancia de la invisible felicidad
en el puente que aparece si se habla
con la complicidad de lo que se huye
confabulado a lo sin color ni olor
en el pacto sereno con tus letras.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com














