Nunca tuve paz ni sosiego
pues sobre aquella tranquila agua
los tactos de formas circulares
se convirtieron en sombras de luz
y en sueños del hombre que sería.
Del que alguna vez descubrirá
por entre miradas y posturas
la tornada realeza matutina
vertida en sonrisas y esféricos rostros
que acallarían vestigios e infortunios.
Del que todas veces dormirá
sobre pautas y descomunales fauces
en espera de centelleante desplante
hecho numen de sonrisa y vaivén
del motivo de vida que vendría.
Del que con sigilo sonará
todo detalle de los sueños
y el argumento de los cuentos
donde seríamos protagonistas
y antagonistas unidos a destiempo.
Del que con tiento sondeará
cada futuro en cada pista tallada
sobre el gris tablero incoherente
de ciudades y urbes doblegadas
por el reino de lo inconsciente.
De quien de dolor renace y morirá
en el callado silencio bicéfalo
que hace la conciencia hermana
y la oscuridad brillante cuyo premio
es la viva fe del futuro ciego.
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