Los datos registrados por la Secretaría de Hacienda durante el periodo enero-agosto de 2019 siguen marcando una alerta. No sólo los ingresos cayeron en su conjunto, sino que los recursos provenientes de gasolinas y diesel, que han aumentado en los últimos meses en términos reales, no han logrado compensar la magnitud de la caída de los ingresos petroleros. Además, el gasto federal continúa deprimido y ha dejado de apoyar el crecimiento.

La confianza vuelve a estar en entredicho. Las inversiones tal vez no logren recuperar el dinamismo perdido. La merma de ingresos marca una situación que representa otra vuelta de tuerca a la capacidad del gasto para impulsar el crecimiento. Con ello, las finanzas públicas entran en una crisis inusitada. El cierre de 2019 será difícil y el comienzo de 2020 problemático.

Los ingresos presupuestarios cayeron -2.1% durante enero-agosto del presente año respecto al mismo periodo de 2018. Los ingresos tributarios crecieron 2.5% en términos reales (2,202.6 miles de millones de pesos) respecto al año pasado, pero sin los recursos del IEPS de combustibles éstos se contrajeron -1.2% en el mismo lapso, lo que significa que los ingresos por combustibles representan para el gobierno federal una compensación coyuntural, la cual sin embargo no alcanza para cubrir la brecha de los ingresos petroleros.

En efecto, durante agosto la recaudación del impuesto sobre la renta (ISR) fue de 121,317.6 millones de pesos, equivalente a una caída de -3.6% real en comparación con el mismo mes de 2018. Respecto al impuesto al valor agregado (IVA) la captación de 67,440.9 millones de pesos fue -11.6% menor. En el impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) se recaudaron 45,144.6 millones de pesos, un aumento de 65.4% real; en el rubro del IEPS correspondiente a gasolinas y diesel la captación llegó a 25,735.0 millones de pesos, es decir, el 60.5% más en términos reales.

En cuanto a las cifras acumuladas, mientras los ingresos provenientes del impuesto sobre la renta cayeron entre enero y agosto -0.4% real en comparación con 2018 y los del impuesto al valor agregado también se redujeron -2.9% en similar periodo, los que derivan del IEPS crecieron en su conjunto 32.8% en el mismo lapso. Dentro de este rubro, el IEPS de gasolinas y diesel contribuyó con 114,002.3 millones de pesos de enero a agosto, un aumento de 65.6% en lo que va del año respecto a 2018.

Los ingresos petroleros del sector público cayeron -29.5 real en agosto y -19.7 acumulado entre enero y agosto de 2019.

Esta caída de ingresos explica una parte del subejercicio en el gasto, que al mes de agosto alcanzó 235 mil millones de pesos, esto es, el 6% del presupuesto aprobado para el periodo.

En cuanto al rubro de gasto, el gasto neto total por 3,648.6 miles de millones de pesos registró una caída de -4.0% real entre enero y agosto de 2019 respecto a los mismos meses de 2018. En agosto de 2019 este rubro alcanzó la cifra de 392,421.9 millones de pesos, o sea -11.9 menor que el mismo mes de 2018.

El gasto programable pagado del sector público por 2,589,689.0 millones de pesos se redujo -4.6% real entre enero y agosto de 2019. En el mes de agosto, por este concepto se erogaron 298,637.4 millones de pesos, una reducción de -12.2%.

La deuda pública acumuló entre enero y agosto 11,108.5 miles de millones de pesos, un aumento real de 3.6% en el mismo lapso considerado respecto a 2018.

La inversión física de 51,124.5 millones de pesos, se redujo en -11.2% en agosto. Durante el periodo enero a agosto, la cifra de 373,364.1 millones de pesos fue menor en -15.2% real.

Es preciso comentar que aunque los ingresos públicos son menores y el costo financiero aumentó en relación con el año anterior, la disciplina financiera se ha mantenido firme. El balance primario, en los resultados, es positivo.

En suma, menores ingresos públicos disponibles se han traducido en menores niveles de inversión, lo que a su vez impacta en el crecimiento económico y, por ende, en la recaudación. Estamos aún en espera de la política económica de nueva manufactura, basada en el “modelo de crecimiento de la cuarta transformación”, alejado del neoliberalismo, que resuelva esta situación de emergencia y abra el camino a un escenario distinto. Lo bueno de todo es que estamos avanzando “en el desarrollo”, aunque no crezcamos.

Esperamos que la reacción del gobierno federal sea contundente y suficiente para romper este círculo vicioso de restricción y pérdida de dinamismo, y sustituirlo por otro virtuoso de inversión y productividad. Hay tiempo para ello, aunque no mucho, pues 2020 ya está cerca y puede repetirse esta circunstancia de astringencia.