Ya falta menos. Ya casi. Aguanten, reinas.
El regreso a clases está cerca y muchas mujeres en este país van a volver a respirar sin gritar. Porque sí, amigas, ser mamá en vacaciones es como estar en un bootcamp emocional de 24 horas, donde no hay recreo, no hay bonos, y lo único que se multiplica es el número de veces que escuchas “mamáaaaaa”.
Esta columna va dedicada a esas mujeres únicas, esas que aman a sus criaturas con locura, pero que ya no pueden más con los TikToks, los gritos, los snacks, los Legos en el piso y los “me aburro” cada tres minutos. No se equivoquen: ser madre es hermoso… pero bendita escuela que les da chance de volver a ser personas aunque sea de 8 a 1.
Y no, no estoy hablando sólo de las mamás que trabajan en oficina. También de las que hacen home office y tienen que estar en junta con el jefe mientras uno de sus hijos juega a las luchas con el gato y el otro intenta hornear sin supervisión.
De las que “no trabajan” (léase con tono patriarcal), pero mágicamente mantienen un hogar funcional mientras cargan con el invisible, pero PESADÍSIMO título de “ama de casa”. Que si creen que mientras los niños están en la escuela una se echa a ver series con una mascarilla en la cara, déjenme decirles que ni chance da de acabar el café caliente.
Entre tender camas, ir al súper, hacer la comida, contestar el grupo de mamás, lavar, planchar, regar plantas y tratar de que no se desintegre el universo doméstico, el día se va volando… ¡y sin nómina, eh!
Y ahora, quita el factor escuela y agrégale tener niños 24/7. Sí, hay cursos de verano carísimos que se llenan desde abril. Pero no todas pueden pagarlos. Y aunque sí, hay quien tiene ayuda doméstica (y qué bueno), la realidad de muchas mujeres en este país es que ser mamá en vacaciones es vivir sin tregua.
Y lo hacen con amor, pero también con ojeras, con audífonos en una oreja mientras trabajan y con los dedos pegajosos de sus hijos encima a toda hora. Porque aunque el esposo sea buena onda, la mayoría no altera ni medio segundo su rutina. Sale a trabajar a la misma hora, regresa igual de peinado, y jura que estar en casa con niños es “sólo descansar”.
Así que sí, amigas, si han tenido que posponer el café tres semanas como mi amiga (quien jura que no se baña con tranquilidad desde julio), si no han podido ni escuchar sus propios pensamientos, si ya les tiembla el ojo izquierdo… sepan que no están solas. Que las vemos. Que las aplaudimos. Que lo están haciendo increíble. Y que sí es válido querer que ya regresen los niños a la escuela. Porque no se trata de no amar, se trata de poder volver a existir como mujer además de ser mamá. Y eso también es amor.
Ya vendrán los útiles escolares, los uniformes, el forro de libros y el “¿quién va por el niño?”. Pero al menos, volveremos a tener dos horas de silencio y un café sin interrupciones.
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