El músico neoyorquino dejó un legado imborrable como trombonista, compositor y productor, redefiniendo el sonido latino durante más de cinco décadas.
La música latina despide a Willie Colón, uno de los arquitectos del sonido salsero moderno, quien falleció a los 75 años tras enfrentar complicaciones de salud que lo mantuvieron hospitalizado en Nueva York.
Su partida cierra un capítulo fundamental en la historia de un género que ayudó a llevar de los barrios del Bronx al escenario global.
Un revolucionario del trombón y la narrativa urbana
Con un estilo contundente y una visión musical innovadora, Colón transformó la salsa al incorporar arreglos más densos, influencias del jazz y letras que retrataban la vida cotidiana de la comunidad latina en Estados Unidos.
Su propuesta no sólo fue musical, sino también cultural: contar historias con identidad propia.
A lo largo de su trayectoria construyó alianzas memorables con figuras como Rubén Blades y Celia Cruz, con quienes dio forma a producciones que hoy son consideradas pilares del repertorio latinoamericano.
El inicio de una leyenda desde la adolescencia
Su historia en los estudios comenzó de manera precoz. Apenas tenía 16 años cuando grabó su primer álbum junto a Héctor Lavoe, colaboración que se convertiría en una de las sociedades más influyentes de la salsa clásica.
Desde entonces, su carrera fue una cadena ininterrumpida de grabaciones, giras y exploraciones sonoras.
Detrás de su firma quedaron temas que trascendieron generaciones como Idilio, Talento de televisión, El Gran Varón y Pedro Navaja, piezas que mezclaron crónica social, poesía urbana y ritmos irresistibles.
Un legado que seguirá sonando
Más que intérprete, Colón fue un narrador musical que entendió la salsa como un espejo de la realidad latina.
Productor, compositor, arreglista y líder de orquesta, su influencia continúa viva en nuevas generaciones que encuentran en su obra una guía estética y un testimonio histórico.
Su muerte marca el adiós a una de las mentes creativas más audaces del género, pero su sonido —potente, callejero y profundamente humano— seguirá resonando donde haya una historia que contar con clave y trombón.
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