Una historia de desamor

La chica única

Ayer me sentí triste como pocas veces.
Una amiga, que es hija de un político, me contó su historia.
Ella a su corta edad sufre: se enamoró y ahora tiene que desenamorarse o recoger unas migajas de amor. Él es como todos los hombres: un mentiroso.


Él la llamó por quinta ocasión en menos de diez minutos.
Había colocado el celular en silencio, pero no dejaba de vibrar.
Decidió ponerlo en modo avión, pero tenía que estar pendiente de otros temas.
Le tomó la llamada.
Estoy ocupada, muy ocupada; de modo que no sigas llamando’.
Cuando colgó ella soltó en llanto.
Se quitó la ropa y solo se puso un enorme suéter.
Se tiró en su cama y a la mente vinieron varios recuerdos.
Cómo lo conoció y lo mal que le cayó.
La forma en que la enamoró.
Los días de cine, de fin de semana, las fiestas familiares en donde siempre les preguntaban «¿Para cuándo la boda?».
No la habían planeado, pero ella sí quería.
También recordó que, de pronto, él se convirtió en otro.
Las salidas dejaron de ser frecuentes.
Los mensajes ya no se los contestaba tan rápido y cuando lo hacía era con un simple emoji.
Los detalles se acabaron y la relación comenzó a enfriarse.
Hizo memoria y entendió que tenía meses engañándola.
Que el amor la había cegado y las cosas eran evidentes.
Que un mensaje anónimo le abrió los ojos: la imagen de su amiga con él, saliendo de un motel, terminó por arruinarle su vida.
No dejaba de llorar.
Él le seguía mandando mensajes llenos de palabras dañinas e inútiles.
Ahora había mucho que pensar.
Abrió por décima vez el mensaje de su Dr., quien le confirmaba su embarazo.
Si los hombres parieran el aborto sería ya legal en todo el mundo -pensó y volvió a llorar-


Cuando acabó de contarme, la abracé y lloramos juntas.

Por cierto, ayer el gobernador Miguel Barbosa Huerta designó a América Rosas Tapia como titular de la Secretaría de Igualdad Sustantiva.
El reto no es menor, en un estado donde las mujeres son desaparecidas y asesinadas.

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