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Trump enseña los dientes

México y muchos otros países son arteramente golpeados por la visión de Donald Trump sobre la relación de EU con el mundo.

Todo puede esperarse del presidente Donald Trump, particularmente lo peor. El imaginario da para mucho, por una parte, la interdependencia en todos los sentidos de las dos naciones; por la otra, México tiene muchos pecados y debilidades, también en todos los sentidos. En el pasado el país no era de mayor interés para los norteamericanos porque sus prioridades estaban en otros asuntos; sin embargo, en años recientes, prácticamente desde la primera campaña presidencial de Trump el tema migratorio, la inseguridad y el problema de salud asociado al tráfico de opioides ha puesto al país en una singular situación de observación.

La presidenta Sheinbaum es una cara amable para enfrentar un reto de tal magnitud. De hecho, a Trump le da por la suave y le obsequia palabras que a casi nadie dispensa, no así sus colaboradores, lo que quiere decir es que hay un doble discurso. El presidente, de policía bueno (que no le viene muy bien) y los demás como Pam Bondi, procuradora; Kristi Noem, secretaria del Interior, o Scott Bessent, secretario del Tesoro son los duros. Frente a lo que pocos esperaban, las mejores y más amigables expresiones han venido del embajador recientemente nombrado, Ronald D. Johnson.

¿Cuál de las dos caras es la auténtica? En su salud lo encontrará quien aprecie la realidad con ingenuidad; la clave para descifrarlo son los hechos, las decisiones no las palabras y allí a México le va muy mal. Imporante la postura del secretario de Estado Marco Rubio, quien en su condición de senador tuvo afirmaciones seriamente negativas para el gobierno de México y la situación de virtual connivencia de sus autoridades con el crimen organizado. La embajada depende del departamento de Estado. La visita del secretario Rubio servirá de referencia de lo que es la realidad de la relación, pero lo que valen son los hechos.

Efectivamente, las cosas no se definen a partir de declaraciones y buenos deseos, sino de resultados. La presidenta Sheinbaum, a diferencia de Trump tiene un amplio respaldo popular; sin embargo, la dependencia de México respecto a EU y el tamaño de los pecados del régimen la exponen y al país más allá de lo pensable.

De poco sirven las expresiones de que México no será piñata de nadie, privilegiar la soberanía nacional e invocar que la relación con EU es de iguales. La realidad se impone; México y muchos otros países son arteramente golpeados por la visión de Trump sobre la relación de EU con el mundo, además suscribe la tesis de la superioridad de la raza blanca y la idea de que su país está siendo invadido por indeseables, si no es que criminales. Además, para él, el déficit comercial es una derrota que debe resolverse a golpe de impuestos a los importadores; la contención marginal a tal empeño no viene de México ni del acuerdo comercial, sino de sus efectos negativos sobre la economía norteamericana por la afectación a las cadenas de suministro. Situación semejante ocurre con el tema migratorio; la deportación masiva de indocumentados tendría efectos desastrosos en muchos sectores de la economía norteamericana.

Federico Berrueto

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