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Te lee y te mira

Del silencio, del dolor callado que electrifica huesos y venas, de la abstinencia de tiempo, de la detención del universo, proviene lo que miras y lees.

Pura esquizofrenia frenada y puesta al día es su forma, sus maneras elusivas, sus mensajes alusivos, sus despóticos berrinches.

Contra la pared debe fugarse, no una, muchas veces, siempre, dejando pasar para pasarse ella como rival de lo que fue.

Asume el papel de rata: ojos vivos, corazón ardiente, lógica de escape y precisión, estrategia para la desunión, movimiento rápido y huida hecha salto.

Pero no es víctima. Talla sus límites escondidos, conoce rincones y olores, sombras y alimento, que hacen de la voluntad voto unánime.

Tampoco enemigo. Te mide primero, ausculta tu alma después, asegura su lugar entre el escenario y al final dispara con el perdón de llevarse lo tuyo.

Menos un ente. Su función es hacer que emigres y dispongas tu estancia como nido dentro del gran nido de nidos y renazcas dos y tres veces.

Es, dicen letrados y estudiosos, metafísica y quiste irreal, nauseabundo balbucear de la irracional vivencia, el mundo que perdió su elocuencia en ti.

También aseguran refiere el instante, vacío y terco, del cual al ser tragado compromete a la duración para que brote y surgen los orfebres de las mediaciones.

La llaman síntesis de simultaneidades o unidad de contrarios, pero no admite calificativos porque todo se le resbala y cae como agua.

La gente le recrimina su carencia de fe y su inhóspito desinterés por lo preciso, su miedo al discurso y el alejamiento constante de sus ideas de la quietud.

Otros, los menos contentos e indisciplinados, rebeldes y locos, disipados y funcionalistas malvados, la llaman arte de escritura o letras.

Yo prefiero decirle indiferencia: el ánima arrinconada que asustada de sí, crea la diferencia que desdobla todo entorno y salta a tu sentido.

Es como reloj: hábito imprevisto que al darse instrucciones se recrea y califica lo que pasa y acontece dándole nombre de tiempo al tiempo.

Cuando miras la hora que llevas en sus confines de mundo y pedazos de gente puedes entender que su medición es todo, menos precisa, pues sugiere.

Aún navego las espumas de la hora en que me tocó preguntar y barruntan cielos sus esquelas y esquemas y no me gusta lo que me dijo, sugirió.

Llegados a este punto, ella se declara peligrosa, como lo que miras y lees, que te lee y al mirarte se refugia en lo que posees y no dejas salir … y sugiere.  

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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