Sin sentir caminaron
y se instalaron sin ningún problema
llamaron a sus vidas
purgándome las mías lentamente
queda un remedo de mí
pero salí de mí mismo disperso
produje luego formas
que me siguen en tiempos que envejecen
y que ahora son más sabios
pues renacen a diario con sus cargas
deshaciéndose al punto
y mordiendo la cola de víbora
se oye el columpio puntual
con el sol repitiéndose su trama
el jardín de senderos
que bifurcan destinos cenicientos
las pistas que rastrean
al corazón que veo su pasado
ese que hoy nos une
en momentos que llegan duplicados.
Cerré con la memoria
el museo del olvido.
El órgano aligera nuestras almas.
Reciclaré las formas de esperanza.
También en el desierto
a veces llueve y limpia los mares.
Ya no importa la lluvia:
la nube junta el pulso de los cielos.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com








