El sarampión no es una enfermedad del pasado ni exclusiva de la infancia.
Puede afectar a bebés, adolescentes y adultos, especialmente cuando existen esquemas de vacunación incompletos.
En un contexto de movilidad internacional constante y disminución en las tasas de inmunización, el riesgo de brotes aumenta y obliga a reforzar la prevención en todos los hogares.
En entrevista para Revista ÚNICA, la Dra. Ruanne Barnabas, Jefa de la División de Enfermedades Infecciosas del Massachusetts General Hospital y Profesora de Medicina en Harvard Medical School, advierte que el repunte de casos observado en distintos puntos de Estados Unidos es una señal de alerta para la región.

Panorama actual y riesgo epidemiológico
La especialista confirma que en Estados Unidos se han registrado incrementos recientes de casos, primero en Texas, luego en Carolina del Sur y más recientemente en Florida.
El contexto de alta movilidad entre países incrementa la probabilidad de propagación. Cuando la cobertura de vacunación cae por debajo del umbral crítico —generalmente 90–95 %— el virus puede circular nuevamente, principalmente entre personas no vacunadas.
¿Por qué está resurgiendo el sarampión?
El principal factor es la disminución en la aceptación y cobertura de la vacuna. Tras la pandemia de COVID-19, millones de niños quedaron con esquemas incompletos.
La caída en la aplicación de la vacuna SRP (sarampión, rubéola y parotiditis) ha debilitado la inmunidad comunitaria. Además, la desinformación y la resistencia a la vacunación en ciertos grupos han ampliado las brechas de protección.
Cuando se rompe el “escudo comunitario”, incluso quienes no pueden vacunarse —como algunos bebés o personas inmunocomprometidas— quedan en mayor riesgo.
Complicaciones: por qué no es una enfermedad leve
Aunque en muchos casos el sarampión es autolimitado, históricamente ha tenido una mortalidad de 0.1–0.3 %, cifra que puede aumentar considerablemente en poblaciones vulnerables.
Las complicaciones más graves incluyen:
- Neumonía, principal causa de muerte asociada.
- Encefalitis, que puede dejar daño neurológico permanente.
- Panencefalitis esclerosante subaguda, una complicación neurodegenerativa rara pero mortal que puede aparecer años después de la infección.
El riesgo es mayor en niños pequeños, adultos e inmunocomprometidos.

¿Qué deben hacer las familias?
Ante síntomas como fiebre alta, erupción cutánea y malestar general:
- Controlar la fiebre con paracetamol.
- Mantener adecuada hidratación.
- Buscar atención médica inmediata si hay dificultad para respirar, letargo o rechazo a alimentos y líquidos.
- Llamar al pediatra ante cualquier duda.
Protección en bebés menores de un año
La vacuna MMR/SRP se aplica de manera rutinaria entre los 12 y 15 meses, con un refuerzo entre los 4 y 6 años.
Sin embargo, puede administrarse desde los 6 meses en caso de brote o viajes internacionales. Si se aplica antes del año, deberá repetirse al cumplir los 12 meses para completar el esquema.
Estrategias para contener brotes
Los expertos coinciden en que la clave es recuperar coberturas ≥95 % con dos dosis de vacuna. Entre las acciones fundamentales destacan:
- Campañas intensivas de vacunación en zonas con baja cobertura.
- Verificación activa de cartillas.
- Cerco epidemiológico inmediato ante casos confirmados.
- Rastreo de contactos y vacunación de bloqueo en las primeras 72 horas.
- Comunicación basada en evidencia para combatir la desinformación.
El sarampión es prevenible. La herramienta más eficaz sigue siendo la vacunación.
En tiempos de desinformación y polarización, la ciencia es clara: mantener esquemas completos protege no solo a nuestros hijos, sino a toda la comunidad.
Cuidarse es un acto de responsabilidad colectiva. La prevención comienza en casa, desde los bebés hasta los adultos mayores.
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