Es difícil hablar de libertades de prensa y lo es porque hay una delgadísima línea que divide las convicciones de los intereses reales que pueden involucrar la subsistencia de un medio de comunicación, sobre todo cuando se proclama independencia.
Cuando se trabaja para una empresa de comunicación se está sujeto a cumplir con la línea editorial que puede implicar una libertad a medias, así sin más, pues siempre hay intereses que pesan y se anteponen a lo que un reportero o periodista puede llevar como la gran nota o investigación que se difumina en el momento de saber que eso no se difunde o se publica porque convenio mata contenido.
Esta ha sido la eterna batalla en una gran parte de los medios de comunicación en México donde el periodismo termina alineado porque no hay poder de elección. Publicas, difundes, ignoras o se te condiciona esa “publicidad gubernamental” que es propiamente un disfraz simulado que la mayor parte de los periodistas conocemos, más no todos aceptamos.
Siempre he dicho que la publicidad gubernamental o institucional no es pecado, claro que no. El pecado está en soltar los hilos de la ética y dignidad para vivir sólo de replicar boletines, declaraciones, escribir por encargo o defender personajes del poder.
El periodismo en México está en una franca decadencia, sin embargo, hay también una parte salvable y digna de un gremio que sigue respirando, haciendo periodismo de investigación, análisis, datos y que se empalma a la vorágine de quienes dicen: “Soy periodista y ya amarré 7 convenios con el gobierno y ayuntamientos”.
Es justo ahí donde estriba para muchos compañeros la posibilidad de vivir de una profesión simulada donde no se investiga. Se escribe lo que te dicen que difundas, lo que te indican que hay que permear como la de ocho, lo que te instruyen a exaltar, lo que te piden olvidar e ignorar.
¿Y entonces de qué vive un periodista? Un periodista puede vivir dignamente de vender sus contenidos a destajo buscando se respete la línea editorial que lleva su investigación. Este camino es más que un desafío, es casi buscar agujas en un pajar.
En la marea digital que hoy acompaña al periodismo de última generación, los periodistas buscamos esas herramientas de la tecnología que nos dan la posibilidad de construir plataformas, o conceptos como el creado por mi marca Los Alquimistas del Poder, donde usando el Space de X hemos sido los pioneros en hacer una radio abierta, en vivo y con grabación simultánea para el armado de un podcast.
Los difícil estriba en conseguir esos patrocinios blandos que no generen compromisos o mordazas para conservar ante todo nuestra libertad editorial.
Me extraña que siendo «periodistas», a veces nos hagamos tontos para seguir la línea del oficialismo.
Si el gobierno mete la mano en tu medio, por cualquier vía, es muy complicado seguir adelante con una propia autonomía.
Sembrarte un socio y un control editorial son dos condiciones para que los fontaneros gubernamentales tomen el control.
Gobiernos van y vienen y la relación prensa-poder es una deuda eterna de transparencia y ejercicio de libertades donde se aprenda a no utilizar el poder de los gobiernos o de la propia prensa para conseguir dádivas, generar corruptelas y cuajar jugosos negocios.
Hoy mi ánimo no es grande y no lo es porque veo cada vez a más compañeros hincados frente al poder. Veo a conductoras simulando en la mañana hacer periodismo y en la noche, trabajando para el medio oficial del gobierno en turno.
Veo a compañeros aplaudirles a gobernantes, llenarlos de halagos, entrar a los abrazos y no balazos informativos ni mucho menos de investigación.
Hoy en muchísimas redacciones y direcciones de medios de comunicación: Al poder no se le toca.
Vayan estas letras para hacer un réquiem por las libertades editoriales que están en extinción en un México exultante de impunidad gubernamental y periodística.
@rubysoriano @alquimiapoder














