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Regidora Evelyn Camela cruza la línea: Desea el peor final para el alcalde de Cuautlancingo

Evelyn Camela Hernández, soltó una frase que dejó frío hasta al más curtido de los asistentes: “Tuvo la mala suerte, señor presidente; suerte que se le cayera a usted”.

Cuando el debate se cae… y no precisamente la marquesina. Por aquello de que en política poblana hasta las marquesinas terminan metidas en el chisme, en Cuautlancingo ya hubo quien se voló la barda —y no precisamente con argumentos—.

En el Cabildo de Cuautlancingo la discusión política subió de tono hasta convertirse en una de esas escenas que hacen pensar que, cuando faltan argumentos, sobra la pólvora verbal.

La protagonista fue la regidora de Movimiento Ciudadano, Evelyn Camela Hernández, quien, durante la discusión sobre la ampliación de las investigaciones por las fallas estructurales y el colapso de la marquesina del Centro Integral de Servicios (CIS), soltó una frase que dejó frío hasta al más curtido de los asistentes:

“Tuvo la mala suerte, señor presidente; es suerte que se le cayera a usted”.

¡Híjole! Una cosa es la grilla, otra el golpeteo político y otra muy distinta es que el debate termine caminando por la orillita del precipicio.

Porque mire usted, queride lector: en Puebla estamos acostumbrados a que los políticos se tiren con todo. Que si el presupuesto, que si las obras, que si las cuentas, que si “yo no fui”, que si “fue el anterior”. Eso es parte del folclor de la política nuestra.

Pero desear que una estructura se le caiga encima al adversario político ya es otro cantar. Es como la célebr frase del ex gobernador fallecido Miguel Ángel Barbosa cuando dijo “Diosito los castigó” en alusión al accidente de los Moreno Valle.

Y ahí fue donde el presidente municipal, Omar Muñoz Alfaro, decidió ponerle pausa a la sesión para preguntarle directamente si aquello significaba que quería que la marquesina le cayera a él. El edil lamentó públicamente lo que consideró malos deseos hacia su persona.

¡Ave María purísima con semejante debate!

Porque una cosa es decirle al alcalde “te equivocaste”, “no hiciste bien las cosas” o “vamos a investigar hasta debajo de las piedras”. Eso, señoras y señores, es precisamente para lo que sirve una oposición.

Pero cuando el intercambio político se convierte en una suerte de “ojalá te hubiera caído encima”, pues ya ni cómo ayudarle.

Y los propios regidores reprobaron la postura al considerar que desear un accidente o daño físico cruza la línea del debate político y afecta el respeto que debe existir hacia las instituciones.

Evelyn Camela

Aquí viene lo verdaderamente importante

El asunto de fondo no debería perderse entre dimes, diretes y sombrerazos.

El Cabildo aprobó ampliar 90 días las investigaciones relacionadas con el desplome de la techumbre y la marquesina del CIS, ocurrido después de las intensas lluvias de septiembre de 2025.

Es decir, hay una investigación que debe llegar hasta sus últimas consecuencias y determinar qué ocurrió, por qué ocurrió y, en su caso, quién tuvo responsabilidad.

Eso sí sería hacer política.

Lo demás es echarle más leña al fuego.

Porque si la oposición tiene pruebas, que las presente. Si tiene señalamientos, que los documente. Si existen responsabilidades, que se determinen.

Pero convertir el Cabildo en ring de lucha libre verbal, ¡qué necesidad, caray!

De la crítica al “¡ya estuvo suave!”

La política también tiene límites. Y quizá el episodio de Cuautlancingo sirva para recordar algo bastante básico: se puede ser duro sin ser destructivo; se puede fiscalizar sin desear desgracias; se puede hacer oposición sin perder la compostura.

Porque, a querer o no, los ciudadanos esperan resultados y respuestas, no una competencia para ver quién lanza la frase más filosa.

Y mientras la marquesina ya fue noticia por caerse, lo último que necesita Cuautlancingo es que también se caiga el nivel del debate político.

Así que, como diría cualquier poblano después de escuchar semejante intercambio:

¡Ya estuvo suave, pues! Que para desgracias ya tuvimos bastante con la marquesina. Ahora que caigan las responsabilidades —si las hay—, pero que los argumentos permanezcan de pie.

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