No fue el mejor levantarse y andar
pero el ser logró fugarse y quedarse
en conciencia de un día que termina.
Cada frustración apagó el temple
yéndose en el vibrar del estómago
y en la vuelta en la silla cobijándome.
A pesar de ya no voltear al destino
este seguía a la luz con sus sombras
y del calor un frío la espalda recorría.
De lejos llegaban mutilaciones
que al penetrar la miel era tajos y vías
que consumen el último timón.
Navegar y perderse en la pérdida
de una proyección fallida y estúpida
como para no dejarse más navegar.
El suelo me oprimía contra el cielo.
Sin más la eternidad era ese gris
de ciudad feroz y ansiosa de vestirse.
Ahí entre viento y tristeza miré
sin la menor duda y en compañía
el color del silencio cuando sopla.
Cuajó en un soñar en cuyos campos
fue sílfide el lazo que se imponía
en el entornado vibrar la pena.
Los jugos del silencio ya viajaban
y vibraban por venas de un dolor
desde acá hacia la cercenada libertad.
¡Cuánta gracia y felicidad en la desgracia!
¡Qué perfección del Señor si termina el sosiego!
¡Cómo acostumbrarse al rebelde sol dentro!
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com













