Puras cosas maravillosas, escrita por Duncan Macmillan en 2013, se construye a partir de una historia profundamente humana: una familia que atraviesa la depresión, y un intento, casi instintivo, por encontrar razones para quedarse, para resistir, para seguir. En su décima temporada, ahora en el Foro Lucerna, la obra encuentra un espacio ideal para lo que propone: cercanía, vulnerabilidad, verdad. No hay distancia posible entre el escenario y el público, y eso lo cambia todo. Aquí no hay lugar para esconderse, ni como actor ni como espectador.
Interpretada por Pablo Perroni, este monólogo se sostiene sobre una conexión honesta y profundamente humana. Perroni se mueve con una naturalidad que sólo se alcanza cuando un actor ha habitado la obra el tiempo suficiente para hacerla suya. Hay soltura, hay ritmo, pero sobre todo hay escucha. Se siente cómodo, y esa comodidad se traduce en confianza para el público.
La obra, que aborda temas como la depresión y el suicidio, encuentra un tono inesperado: ternura e inocencia. Y es precisamente ahí donde reside su mayor fuerza. No busca confrontar desde la oscuridad absoluta, sino desde pequeños destellos de luz, desde una lista aparentemente simple de razones para seguir aquí.
Personalmente, la primera mitad me atravesó por completo. Hay algo en esa acumulación de momentos, de recuerdos, de pequeñas cosas maravillosas, que termina por romper cualquier barrera emocional. Es difícil no conmoverse cuando la obra te obliga a mirar de frente aquello que muchas veces preferimos evadir.

Pero lo más interesante es que no se queda en ese lugar. Para poder hablar de la depresión con claridad, la obra también nos muestra la euforia. Y en ese contraste aparece una reflexión mucho más amplia, mucho más cercana a la vida misma. Porque no siempre puede ser de día. Existe la noche, existe la oscuridad, y habita en todos nosotros.
Puras cosas maravillosas no ofrece respuestas, ofrece compañía. Y en tiempos donde hablar de salud mental sigue siendo necesario, esa compañía se vuelve invaluable.
Felicidades a Pablo Perroni por esta décima temporada, por sostener una obra maravillosa que ojalá alcance a todas las generaciones. Y al público, por atreverse a sentirla.
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