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Puertas abajo

Dubitativa, envuelta en hojarasca, conexión escrupulosa preferida ante la disposición mundana, lejos de capas ocultas y niveles piramidales eso que posees como trazo universal entrecruzado no deja de ser vórtice que propone definición. Aunque me quedo con ella no logro encontrar manera de hacerla mía y dispongo el juego de hojas caídas que te rodean para convocar la majestuosa serenidad del azar y proponer.


Las manos hunden y maceran la tierra que esconde raíces y tubérculos, el hábitat oscuro que impulsa la vitalidad del verdor que apenas atisba en espera de la oportunidad de pertenecerse. Unas hojas son dispuestas por filas y columnas que se mueven entre cerrojos y lombrices. El acertijo colosal que emana hilos y puntos. Las reglas están dadas y son vertientes insípidas de agilidad y tensión. El intérprete se viste de fertilidad. Cae el silencio sobre aquella prohibición de luz.


Inadmisible no jugar. Unas a otras las transformaciones se suceden y con movimientos que impiden verse las hojas difuntas reviven para dar lugar a las renovadas. La vida cesa para activar la vida entre tierras removidas. El caos bajo arenillas en su elemento natural promueve combinaciones que oscilan entre espadas que cortan pasados y balanzas que inspiran los mejores augurios. El cenit reconfigura la cruz y la reitera cifrada. Los jugadores míranse rebeldes y enfrentan cada cual su organización.


Entregado a sus fuegos el sol continúa iluminando lo que no deja ver la estela. Abriga lo mejor sin reflejarlo. Hace trinos de carbono y alas de oxígeno. El agua fluye con la cadencia de las hojas tiradas y vueltas a recoger. Astros y esteroides siguen el curso y cada estrategia no cesa de narrar las esferas gobernantes de los tiradores. Un encuentro y desencuentro que pone la fórmula de vida en medio de las reglas de un juego infinito.


E infinita la regla que señala que cada jugador lance el mejor cosmos para cubrirse mejor de hojas y formar propuesta de definición. Quien mejor enlode su tirada y escriba puede ganar. Y puede ganar al cubrirse de las mejores hojas, vivas, Hay quienes se cubren de hojas muertas, pero así esperan ganar. Y es el juego de las soberanas hojas y quien acumula más gana. Los torbellinos se suceden, frondosos remolinos, cetros en disputa, capas, envoltorios.


Puertas abajo hay ganador. Hojas vivas y muertas, reglas y disciplinas, el juego concluye. Derruye el ganador con sus talentos todo edificio y saltan con el salto solar disparado de polvos y ecos sus hojas en un conjunto definido cuyo nombre ha ocupado la palabra vórtice, su mayor pertenencia, posesión amaestrada, actitud espontánea, fuerza de avance, aprendizaje sereno, capacidad de desprenderse y aprenderse con el otro y los otros.


Disparados en busca del vórtice y del centro. Definimos con hojas cada propuesta en espera que otro y otros traduzcan ese envuelto de esperanza. Nos cubrimos de amor y ensayamos jugarlo en el tono suave de honrarlo con amor.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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