En Puebla, la historia política parece repetirse con una puntualidad casi matemática: tarde o temprano, los gobiernos municipales y estatales terminan entrando en una zona de tensión, incluso cuando pertenecen al mismo partido político.
No es nuevo. Ha pasado antes y vuelve a ocurrir ahora en la Puebla capital.
A todas luces, existe un evidente desencuentro entre el gobernador Alejandro Armenta y el presidente municipal de Puebla, José “Pepe” Chedraui. Y aunque públicamente se intente sostener la narrativa de coordinación institucional, los movimientos políticos recientes dentro del Ayuntamiento permiten leer algo más profundo: la carrera rumbo al 2030 ya comenzó.
Porque más allá de los resultados —o de la evaluación real del gobierno municipal— hay un dato político imposible de ignorar: legalmente, nada impide que Pepe Chedraui pueda buscar la reelección. Y desde la lógica del poder, quien gobierna la capital poblana siempre será una pieza natural en la sucesión estatal.
En política, los afectos duran mientras los proyectos coinciden.
Vale la pena recordar que José Chedraui fue impulsado en buena medida por el entonces gobernador Sergio Salomón Céspedes Peregrina, hoy director del Instituto Nacional de Migración, quien además jugó un papel determinante para consolidar la candidatura de Alejandro Armenta bajo las siglas de Morena.
Sin embargo, los equilibrios cambian.
El Ayuntamiento de Puebla nació como un gobierno de múltiples acuerdos y cuotas políticas. Desde su integración, el alcalde ha tenido que aprender a navegar entre grupos internos, liderazgos regionales y figuras cercanas al poder estatal.
Ahí están perfiles claramente identificados con el armentismo, como la regidora Maricela Reyes Rosete —quien encabezó la primera posición de la lista— así como el regidor Andrés Cerón, quien abiertamente se ha etiquetado como Armentista.
También las inminentes modificaciones dentro de la estructura municipal hablan por sí solas.
La Secretaría del Ayuntamiento quedará en manos de José Alfonso Aguilar “Poncho”, personaje cercano al consejero jurídico del gobierno de la ciudad, mientras que el eventual regreso de Claudia López Masariegos como titular de la Secretaría de Bienestar -personaje cercano al actual secretario Franco Rodríguez- también refleja nuevas alineaciones políticas dentro del tablero municipal.
Las lealtades se mueven. Los grupos se reacomodan. Y quienes ayer parecían caminar en el mismo proyecto, hoy comienzan a marcar distancia.
La tempestad quizá aún no llega, pero el clima político ya cambió en la Puebla capital.
Piezas importantes que hablaban de coordinación y trabajo conjunto empiezan a salir de escena o a reposicionarse estratégicamente. Porque en Puebla, como en casi todos los sistemas políticos, las sucesiones comienzan mucho antes de que oficialmente inicien.
Y mientras los actores afinan estrategias rumbo al futuro, la verdadera pregunta sigue siendo la misma: ¿los movimientos políticos terminarán beneficiando a la ciudad o solamente responderán a intereses de poder?
Los ciudadanos de la Puebla capital, al final, esperan menos ajedrez político y más resultados.
Con afecto, la Chica Única.
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