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Préndeme: cuando el deseo se convierte en delito. Basada en hechos reales.

Hay obras que se sienten incómodas, que no buscan gustarte sino provocarte, sacarte de tu zona segura y obligarte a mirar de frente aquello que normalmente evitamos. Así se vive Préndeme, un musical de carácter diverso que no sólo explora el deseo, sino también sus extremos más oscuros.

Basada en el texto de Stephen Dolginoff, escrito en 1994 e inspirado en hechos reales, la obra nos presenta a dos estudiantes de derecho en Chicago cuya historia está lejos de ser convencional. Roberto Coronel interpreta a Nathan con una aparente contención que poco a poco se quiebra, mientras que Daniel Mendoza da vida a Richard, un personaje tan seductor como perturbador.

Richard es un hombre piromano, manipulador, con un dominio psicológico que utiliza el chantaje y la seducción como herramientas para arrastrar a Nathan a su mundo.

Lo que comienza como una especie de negociación entre ambos, un inquietante “ganar-ganar”, pronto se convierte en una espiral donde el crimen, el deseo y la adrenalina se entrelazan de forma peligrosa. Cada incendio no sólo representa un acto delictivo, sino también un detonante emocional y sexual para Richard, quien, al repetir estos actos, busca cada vez experiencias más grandes, más intensas, más irreversibles.

Hasta que inevitablemente cruzan una línea de la que no hay retorno.

El desarrollo de la obra es un thriller emocional que va tensando la cuerda escena tras escena, hasta desembocar en un giro final que sacude por completo la trama. Es ahí donde la narrativa da un golpe contundente: la locura de Richard, que parecía inalcanzable, es superada por la de Nathan, revelando una complejidad psicológica mucho más profunda de lo que inicialmente creiamos.

La historia de amor, deseo y obsesión de estos dos jóvenes queda finalmente marcada por la privación de la libertad.

Bajo la dirección de Jaime Rojas, el texto está cuidadosamente tropicalizado al contexto mexicano, logrando una cercanía que conecta con el público sin perder la esencia original del texto. La traducción de Xavier Villanova y la dirección musical de Hugo Robles construyen una atmósfera envolvente que sostiene la intensidad dramática en todo momento y por supuesto mencionar la producción, estuvo a cargo de Ricardo Ian, todos con resultados fabulosos.

Mención aparte merece Daniel Mendoza, a quien ya habíamos visto en registros mucho más luminosos como en Waitress. Aquí se transforma por completo: abandona la ternura para construir un personaje siniestro, con matices de villano y un inquietante juego de manipulación psicosexual. Su versatilidad es evidente, pero sobre todo, impactante.

A su lado, Roberto Coronel logra un Nathan que evoluciona con precisión, sosteniendo el arco dramático hasta ese desenlace que redefine todo.

Y si hay un elemento que eleva la experiencia escénica es el piano en vivo del maestro Mario Cassán, cuya ejecución ininterrumpida a lo largo del musical no sólo acompaña, sino que respira con la obra. Es hipnótico, constante, casi obsesivo, como los propios personajes.

Préndeme no es un musical complaciente. Es incómodo, provocador y profundamente humano en sus contradicciones. Un recordatorio de que el deseo, cuando no se contiene, puede convertirse en una fuerza devastadora.

La obra se presenta todos los lunes a las 8:45 p.m. en el Teatro Milán. Pueden seguirla en Instagram como @prendeme_elmusical y, dependiendo de cuándo leas esto, encontrar promociones activas; en abril de 2026, por ejemplo, hay ofertas de hasta cinco boletos al precio de dos.

Vale la pena acercarse. No sólo por lo que cuenta, sino por lo que deja resonando mucho después de que se apagan las luces. Apoyemos el teatro en México.

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