Preguntar por el hilarante vivir lleva a tocar fondo.
¿Cómo se ha logrado vivir momentos hasta el momento?
Al dar respuesta acude el tiempo y llena los bolsillos de distancia.
El corazón se plasma en signos y los espacios cobran talentos inusitados.
El sudor sabe a tierra y perdición de ideas que tornan cobre las cenizas.
Cada día es la vuelta ansiosa de un cuerpo que busca la llama arriba.
Pero se mira hacia abajo desde la mitad de la escalera.
Las montañas se recortan en azules e intensos grises como crisis de abnegación.
Son lastres y sufrimientos las nubes que enaltecen la espera momentánea.
Cada aire aspira las alas de los ángeles que hacen de comparsa la huida.
Hacia arriba la vista se hace de horizontes y torceduras inconsútiles.
Cada peldaño crece y los pasos se hacen del color de la esperanza.
Aferramos la calma al madero del que penden esfuerzos e hipótesis.
Y alargamos las piernas para ensanchar la ansiada razón iluminadora.
En el trayecto asesinamos el proyecto que somos para acrisolarlo.
Al despertar damos al vivir la entrega del día y nos abandonamos a ella.
Es la aportación cotidiana la que mantiene ese fuego y lo disipa.
De las respuestas nos rendimos a la pregunta del siguiente día.
Una vez preguntamos como niños y obtuvimos respuestas adultas.
Hoy tenemos trazos adultos con ensoñaciones infantiles.
Damos la mano al paraíso sin saber sus rincones ni abrazar sus pajes.
Al tenernos somos ujier de cantos y fríos llamados a nuestros pies.
Pero nos tenemos y eso cuenta y mucho pues somos ese paréntesis.
Aún podemos al menos preguntar e inducir respuestas pues somos preguntas.
Mi abstrusa cirugía trozó la escalera y todo fue cambio de rumbo.
Vibro en otro sendero con peldaños cambiantes.
Desde ahora piso mis preguntas en espera que me eleven.
Trepo al elevador inconsistente de flores como perfumes de misterio absorto.
Mi correo de es ricardocaballerodelarosa@gmail.com
















