spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

OTROS ARTÍCULOS

Poema: Emocionante

Aún emociona levantarse
para ir a parar en el par
pararse al paso pausado
ponderarlo con pauta
y sortearse la suerte
de imaginar el suelo del de enfrente
y enamorarse de aquel espacio
como si en verdad fuera otra vida.

Todo crece
uno no sabe por qué
pero los ojos lo recorren todo
incluso la propia intuición
del descubrir el indicio
y descubrirse al descubrir
que el descubrimiento me descubre
descubriendo
y descubriéndome.

—Noté que también seguías de mi caminar la certeza de los pies sobre el gris celoso de sonar— parecía decir esa mirada cargada sobre mis ojos que nada decían pero bailaban al ritmo de mi agudeza imaginativa.

Coincidimos mis ojos con ese dolor sobre el duro sonreír de aquellos tacones. No hablamos ni nos miramos. No hubo condescendencia. Ni siquiera el simple sonido de la voz. Nada. Todo era como si fuese siempre y desde toda vida.

Su ritmo dictaba cada nota de mi proyección. Eran carpas y aletas los ruidos en mi vientre. Templaba el escenario, eso sí, el color y la textura de la piel. El lamer la suela el espacio abierto producía la fe de un proyectil que se lanza al ser no visto. Y era un placer la espera. Luego el centelleante desplazamiento y ese ruido seguido de piernas y el brote de destreza engrasada de una salpicadura únicamente imaginada miles de veces.

Lo brutal era el silencio que espaciaba y ensanchaba el rito para darle al mito que veía su corte salvaje de entrada entre la multitud expectante. Ya tenía mi fiesta y podían tener su acto de aquel otro rito para perpetuar el mito y sentirnos llenos de fe, una fe comprada, pero que no ganaba sino mis ojos.

Ya en la salida era la normalidad la reina. Y las pisadas ya eran aire y ruido y ronronear de felinos tras su presa y su lujuria, en un brotar de colores y velos y prendas trabajadas, como si del mercado pendiese las nueva nube aseándose el paladar humilde de las cosas simples.

Esperar ahora. Pulirse y aceitarse la pregunta: de dónde será, quién dirá ese nombre, cuántas letras tendrá, la llamarán de madrugada, será con pies afilados y huella eterna o de firmes contornos y fuerza terrena. Y lo fundamental: a qué responde ese caminar con ese ritmo en medio de aquellas esponjas de fiebre celestial que me atraen, siempre me atraen, a este paraíso tierra.

De nuevo la emoción levantarse
asearse y dejar intacto el pelo
y las uñas y correr y sentarse
y escuchar el goteo y verlo
arrastrar con su paso el credo
y con sus fauces la fuerza creadora
y con sus rasguños de aire
elevar su oración diaria
aquella que mis ojos no dejaban de ver.

Los detalles ahora me siguen
y enamoro sus talentos
con el enamorarme de su estilo.
Cada detalle es ese caminar y ese tacón
tronando en el silencio
llevándose mi mirar
callándolo todo
hasta el corazón
y el enclave suave que produce
el dolor de ignorar su nombre
y nunca mirar sus ojos vivos.
Allá en el firmamento
nos llegará el sonido y mirarnos
será excepción entre iris sin color.

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

ÚLTIMOS ARTÍCULOS