Si es cierto lo que dice la presidenta Sheinbaum, que el PRI y el PAN no llegan a dos dígitos cada uno, ¿para qué ocuparse de ellos? Si es cierto que la visita del expresidente Fox al PRI y a su cúpula es claudicación, ¿para qué ocuparse de ellos? La máxima dice que cuando tus enemigos están en el error, déjalos, no te ocupes de ellos.
Además, no es propio que la presidenta haga de dirigente de los suyos, menos en lo que se supone es un informe del gobierno. Tal actitud no es novedad y así continuará, porque la prioridad ha sido, es y será la sobrevivencia del régimen morenista. La arenga a la unidad —de los suyos, no de los mexicanos— en la parte final de su segundo informe de gobierno deja en claro sus prioridades.
Las razones de la presidenta para ocuparse de los opositores son varias. La primera y más relevante es que entiende que la suma del PAN con el PRI puede significarle a Morena la derrota en varios estados no gobernados por esos partidos: Campeche, Michoacán, Nuevo León, Sinaloa y otros. En política no hay enemigo menor, y menos cuando se acompaña de soberbia. Hace bien la presidenta en ocuparse del prian.
No sólo razones electorales movieron a la presidenta en la embestida al prian. También son políticas y, especialmente, la necesidad de unificar a su coalición ante los serios problemas que enfrenta. Las dificultades son múltiples y ninguna es menor, por lo que es crucial construir un enemigo que unifique y permita superar las diferencias —las que resultan de la selección de candidatos— o las reservas de los duros hacia la presidenta.
El escenario ha ido cambiando dramáticamente para el régimen desde la elección presidencial. Prácticamente en todos los planos y más allá de los números sobre el acuerdo presidencial, Morena como gobierno está reprobado y nada en el horizonte podría abonar en su beneficio. El abandono de los abrazos no balazos no puede ser aprovechado porque enoja al líder moral y despierta inquietud en muchos conspicuos morenistas.
En todos los planos hay deterioro: economía, relación con EU, educación, salud o seguridad. En la percepción pública, Morena gobierna mal y peor en el ámbito local y municipal. La mayor debilidad se deriva de la corrupción, que se ha desbordado y deja ver muy mal a la presidenta Sheinbaum cuando la ignora o hace de la impunidad una política de Estado.
Dante Delgado observa con beneplácito la carga presidencial contra el prian, se asume beneficiario y considera que, sin mayor esfuerzo, le hacen la tarea para ganar sin disputar, sin competir. La lucha del régimen contra los azules y tricolores es la misma que la de él; desde la pasada elección de gobernador en el Estado de México resuta evidente su condición de asociado del obradorismo. Sin embargo, MC tiene que competir y casi siempre su adversario en territorio es Morena.

El colaboracionismo de Dante impide que MC pueda apreciarse como una opción opositora al orden de cosas y eso, al momento de los votos, por la polarización existente, es lo que más cuenta.
AMLO ganó al PAN y PRD porque se le apreció como la oposición más creíble y consistente. MC requiere ser opositor de quien gobierna, no de quienes se oponen.
La presidenta entiende que debe hacer todo para tener el mejor resultado posible. No sólo se trata de partidos; el liderazgo sobre los suyos está de por medio. No hay presidente, por popular que sea, que pueda resistir una derrota electoral en la intermedia.
El régimen está decidido a todo y la postura de la presidenta es un mensaje de guerra: abatir a la oposición, objetivo difícil si se considera que la constante histórica del México democrático es la disminución del respaldo electoral del presidente en la elección intermedia.
Bajo condiciones razonablemente normales, no existe manera de que Morena y sus aliados obtengan mayoría calificada, porque requiere de muchos triunfos distritales, como en 2024. Incluso es imposible que por sí misma obtenga mayoría absoluta, situación que obliga al entendimiento con el PVEM y PT.
Finalmente, la presidenta no debiera mostrarse muy demandante de los encuentros de los dirigentes. La nomenclatura de Morena y sus aliados no da para presumir. Bastan unos cuantos nombres: Gerardo Fernández Noroña, Lenia Batres, Félix Salgado, Andrés López Beltrán, Cuauhtémoc Blanco, Rubén Rocha Moya, Pedro Haces, Layda Sansores.















