viernes, febrero 23, 2024
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Otro feminicidio. No nos queda más que gritar ¡Justicia para Ana María!

Aunque pareciera que los feminicidios han dejado de ser noticia, forman parte del paisaje de este país.

Cuando AMLO asumió la presidencia, había esperanza de que entendiera y respaldara las luchas feministas, pero esa esperanza se desvanece a diario.

Al principio parecía todo maravilloso: por primera vez había paridad de género en el gabinete. Beatriz Gutiérrez Muller, su esposa, renunció al decorativo y patriarcal título de «primera dama». Claudia Sheinbaum se convirtió en la primera mujer en ser electa como jefa de Gobierno de la Ciudad de México y hace unas semanas candidata a la presidencia de la república que, gracias a una histórica reforma política, por primera vez en un Congreso, que además tiene mayoría oficialista, las curules están repartidas de manera equitativa entre hombres y mujeres.

Pero todo fue una ilusión y es que hoy el Condado de Sayavedra se encuentra en estado de conmoción tras el descubrimiento del cuerpo sin vida de la joven Ana María Serrano Céspedes, de 18 años, sobrina del exministro de Hacienda y de Comercio de Colombia, José Manuel Restrepo.

El trágico evento ocurrió el 12 de septiembre, y aunque las circunstancias apuntaban inicialmente a un suicidio, la Fiscalía del Estado de México lo ha catalogado como feminicidio, un giro que ha resonado no sólo en México y Colombia, sino a nivel internacional.

Las cámaras de vigilancia en el área registraron a su expareja sentimental, identificado como Allan, acercándose a la vivienda de Ana María en un vehículo sin matrícula. En un acto macabro, intentó que pareciera que la joven se había quitado la vida ahorcándose con el cordón de una persiana. No obstante, esta versión fue rápidamente desestimada por las investigaciones iniciales.

María Ximena Céspedes, la madre de Ana María, compartió en redes sociales el trasfondo de la relación entre su hija y Allan Gil Romero. Allan no sólo fue pareja sentimental de Ana María durante un año y medio, sino también su amigo desde la secundaria. Pese a finalizar su relación en junio, él mostró patrones de acoso y comportamiento intrusivo hacia Ana María, enviándole mensajes insistentes y regalos con frecuencia con la intención de reanudar su relación.

La señora, al compartir la tragedia, no sólo expresó su inmenso dolor, sino también su incredulidad. Allan, un joven que habían conocido y aceptado en su hogar, de quien tenían una buena imagen, fue capaz de planear el feminicidio de su hija.

En este difícil contexto, la familia de Serrano Céspedes, acompañada por el exministro Restrepo, clama por justicia y espera que las autoridades actúen con rigor y transparencia para esclarecer los hechos.

A pesar de que Allan tenía planes de viajar a Alemania para continuar sus estudios universitarios, ahora enfrenta cargos graves por su presunta participación en el crimen. Una primera audiencia, que se encuentra en receso, determinará si Allan será vinculado a proceso.

Este triste suceso nos confronta con una realidad ineludible: a pesar de los avances en la conciencia colectiva sobre la igualdad de género y los derechos de las mujeres, aún vivimos en una sociedad donde actos violentos contra mujeres son normalizados y minimizados.

Por eso es fundamental que nos detengamos a considerar la importancia de la educación en las relaciones sentimentales, especialmente en la juventud.

Las mujeres jóvenes, al igual que sus contrapartes masculinas, están en un proceso de autodescubrimiento. Mientras se forman una idea de sí mismas y del mundo que las rodea, también están aprendiendo sobre el amor, el respeto y la reciprocidad. Por eso es crucial que, desde temprana edad, se les enseñe la importancia de establecer límites claros en sus relaciones. Esto no solo refuerza su sentido de autonomía, sino que también les ayuda a comprender que merecen ser tratadas con respeto y consideración en todo momento.

Por otro lado, la educación de los jóvenes hombres es igualmente vital. Deben entender que el amor y la relación no se construyen sobre el dominio o la posesión, sino sobre el respeto mutuo. Respetar los límites establecidos por su pareja no es un signo de debilidad, sino un testimonio de una relación madura y saludable. Es esencial que comprendan que cada individuo tiene su propio espacio, sus propios sueños y sus propias inseguridades, y que respetar esos límites es, en última instancia, una forma de cuidar y valorar a la otra persona.

La Chica Única
@lachicaunica_

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