La muerte de la Reina ha consternado al mundo entero.
No conozco persona que no hable de esto. Mis contactos en Asia, Europa, Sudamérica, La Narvarte, Polanco, Agua Santa, Las Animas y hasta de Juan C. Bonilla, me mandaron mensajes preguntándome si la muerte de la Reina era real.
Yo estaba shoqueada. La muerte ya había sido confirmada por el Palacio Real y se habían iniciado los protocolos de las exequias.
Ahora, su hijo Carlos será el nuevo Rey, puede que no lo quiera, no siempre se ha mostrado entusiasmado con el papel que ahora le toca ¡Pero ni modos!
Una vez dijo: «Es algo que te asalta con el sentido más espantoso e inexorable». La princesa Diana una vez sugirió que Carlos sería un rey «sofocante». Lo decía con una certeza imperial.
Cuando la Reina Isabel, se encontró monarca a la edad de 25 años, preguntó: “¿Qué va a pasar cuando lleguemos a casa?”.
Dicen que no sabia qué hacer, «¿qué sigue, qué hago?», preguntaba.
Eduardo VIII, el tío abuelo de Carlos, que reinó menos de un año antes de abdicar, describió el sentimiento tras el funeral de su padre como la “inquietante sensación de estar solo en un gran escenario”.
Será difícil, pero, no imposible para el nuevo Rey, sustituir a la Reina.
Yo siempre leía sobre ella, su reinado fue estable: todo en ella, desde sus cómodos mocasines de tacón bajo hasta sus emociones contenidas. El nuevo Rey será una continuación de esto. Su apariencia es estable hasta el extremo: usa trajes hasta que están remendados debajo del bolsillo y zapatos brogue, su peinado es el mismo de siempre desde la infancia.
Sus emociones, sin embargo, son más volubles, no son pocos los que se quejan de él. En los círculos de la realeza lo conocen como el «Príncipe de los Lamentos» y es que tener una madre Reina no debió haber sido fácil, imaginen la cantidad de berrinches y caprichos a los que sometía a la Reina.
Su primer matrimonio, con Diana Spencer, dañó gravemente su reputación. La pareja se casó en 1981, cuando él tenía 32 años y ella solo 20.
La ceremonia fue vista por unos 750 millones de personas en todo el mundo. Ahora, se recuerdan mejor las entrevistas televisivas de la década de 1990, que detallan la ruptura de su relación: “Éramos tres en este matrimonio”, declaró Diana en 1995.
Dos años después, Diana murió en París en un accidente automovilístico.
Diana era querida por el mundo, pero no por la realeza.
Visitaba pacientes con sida y hacía campaña para retirar minas terrestres, no podía estar muerta a los 36 años y, sin embargo, había ocurrido.
“Creo que necesitamos recordar que ella era probablemente la mujer más famosa en el mundo de habla inglesa, a excepción quizá de la misma reina Isabel II”, comentó el historiador Ed Owens.
Camila, su segunda esposa, es aceptada y con ella formará la pareja real.
Carlos ahora es rey y aunque sus índices de popularidad se han mantenido relativamente bajos. Una encuesta de YouGov realizada en mayo de 2022 situó su índice de popularidad en un 54 %, muy por debajo del de la difunta reina (disfrutó del 81 % de aprobación) y del príncipe William (75 %). Esto es un problema, para él personalmente y para el reino en su conjunto.
Carlos puede hacer más ruido político que su madre, quien amaba la cautela y la neutralidad. Ya es conocido por presionar: influyó a Tony Blair sobre la caza del zorro; apoya al Dalai Lama y sus relaciones con China no son las mejores.
Antes, las monarquías eran evaluadas en tierras conquistadas y ejércitos destruidos. Los monarcas recientes se evalúan en actividades más mundanas, como visitas a los hospitales, actividades altruistas y apoyo a las escuelas.
Pero el panorama es otro, Carlos enfrenta un mundo distinto, en crisis, en guerra, enfermo y con una primera ministra, Liz Truss, que jugará un papel importante.
Pero, antes que todo el rollo que me aventé, Carlos ha perdido a su madre, un hecho indiferente, y es que para la monarquía: mientras uno exhala otro respira.
¡Viva el Rey…!














