He dejado caer tanta piel y sus fragmentos
sobre terco riel de abrupta realidad
como esporas de arenas se tiran para tallarse
y pulir su dorada esbeltez que hace huella.
He soltado tactos como nombres caen
y pulen las cáscaras que nos hunden
para perdernos en rostros inexpresivos
de una moralidad otra como la nuestra.
Dejé rodar palabras y tinta sabia inalcanzable
al universo inconcluso del planeta del saber
que aunque duelen esos párrafos dejados al viento
son noches renovadas de imaginación entrante.
He llevado tantas huellas a fibras y lienzos
que ya saben rúbricas y desiertos y talegas
tal si canto la metempsicosis colegial
que conecta blando con duro y viceversa.
Tantos trazos como curules divinas
han visto mis ojos repetirse como símbolos
y como serpientes convulsas traer del sexo
formas que tiran lazos de amor y desamor.
Hoy me cruzan rayos de sobreabundante sol
como leones lanzarse en avinagradas
refriegas nocturnas que ya confunden
látigos durmientes con garras del ébano.
Dejé partir a mis ancestros con el dolor
de recuperarlos en un interior nuevo dulce
tan diáfano como la sombra y tan bruno
como se pinta el mechón del alba enhiesta.
También te dejé ir una y otra vez
y también jugamos a dejarnos ir
con callado esfuerzo de evitar el adiós
y el regocijo de vestirnos de fuego o aire.
Pero hoy que nos une la calma alegre
agua de polvo lince enardecido como viento
se ha pegado a mis huesos de nuevo y es renacer
todo el inédito canto de piel que se avecina.
Regreso al monte y al río y al sauce
como se vuelve en conciencia al valle
de donde provenimos como el ermitaño
que vuelve en tren como pastor sin rebaño.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com












