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Mecanismos políticos de defensa y realidad

Las frases hechas, las tomas de posición frente a los del “partido fifí”, los conservadores, la adhesión a la política de la confrontación por encima de la del consenso, la ideologización del gobierno, las justificaciones ante la falta de argumentos, el incumplimiento de promesas de campaña son distintos códigos de conducta que a la manera de estereotipos tienen la función de protección del presidente López y su gobierno frente a la realidad.

Frente a la realidad y sus constantes y enigmáticos requerimientos es válido acudir siempre a los estándares ideológicos, a la confrontación, a las respuestas que huyen de esa realidad para entornar adjetivos que suenan a rivales “neoliberales” como hacedores del mal, a los mecanismos políticos de defensa. Así navega a la fecha, con poco éxito, el presidente López y su gobierno.

Pero todo arsenal ideologizado y polémico, todo discurso vehemente y estandarizado enraizado en su perenne estrategia confrontacional tiene un límite: el límite de dejar de poner atención a los acontecimientos y a los hechos sin darles carta alguna de existencia, sin valorarlos, sin otorgarles significación y sin darles relevancia. El límite de la carencia de atención pensante y reflexiva es el que se percibe respecto al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, su problema evidente, y para una muestra dos ejemplos.

El primer ejemplo es el crecimiento del PIB. A la reducción de las expectativas del crecimiento, no sólo para este año sino para el siguiente, y en perspectiva mundial, la respuesta fue un desacertado “creo que se quedaron cortos en la proyección, que vamos a crecer como se estima, en cuando menos 2 por ciento este año. Lo apuesto, trato hecho” presidencial que no sólo descalifica el trabajo de sus entusiastas analistas hacendarios sino reconoce su falta de valor ante los hechos.

El segundo ejemplo es la cifra de empleo. Respecto a la variable del empleo para el primer trimestre de 2019, el presidente festejó que hubo “un incremento nunca visto desde hace 10 años para un periodo similar» y añadió: «Es una buena noticia, es decir, que está creciendo la economía y está en pie la apuesta con los especialistas, con los bancos, con las corredurías, con los financieros, que han pronosticado que vamos a tener menos crecimiento de lo que estamos estimando. Aceptamos el desafío y aquí vamos a estar viendo. En una de esas, les vamos a ganar».

Sin embargo, la declaración presidencial fue tachada de tendenciosa, pues la premisa usada es verdadera pero no su conclusión, pues en la página del IMSS puede leerse lo que en verdad sucedió: “Durante el mes de marzo se crearon 48,515 puestos de empleo, un acumulado al primer trimestre de 2019 de 269,143 puestos, este incremento es superior al promedio de los últimos diez años de periodos iguales (259,744)”. Varios analistas hablaron de esta incoherencia presidencial y resaltaron que es válido comparar la cifra de los primeros tres meses de este año con el promedio de los primeros trimestres de la última década, pero de este dato no se desprende que la creación de empleos en el primer trimestre del año sea superior a la de años anteriores desde el punto de vista histórico.

Así, en el primer trimestre de 2017, dentro del sexenio de Enrique Peña Nieto, fue el periodo de tres meses en que mayor número de empleos formales se generaron, con 377,694, una cifra mayor a la que presumió el presidente pues éste comparó el dato de un trimestre con el dato promedio de diez años. Así, en los 10 años mencionados por el presidente, el primer trimestre de 2017 es la cifra más alta en creación de empleos.

Además, si la cifra destacada por Andrés Manuel López (269,143 puestos) se compara con los tres primeros meses de 2018, se observa que la generación de empleos fue 27% menor este año.

Ejemplos de este problema pueden presentarse más, pero estos dos bastan para enfatizar lo que está pasando en el presidente y su equipo: tanto Andrés Manuel López como su séquito de incondicionales están pasando por alto muchas solicitudes y demandas de la realidad, tratando de presentar una realidad que se ajuste a su dicho, una perspectiva gubernamental que se niega autoritaria y despóticamente a dar existencia a una realidad que deja a su modelo de desarrollo de la “cuarta transformación” en entredicho.

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