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Madre desnudez

Ajeno a sentimientos e ideales que estimula entre visitantes, espectadores e indiferentes el cuerpo está hechizado y se hunde en su andrajoso existir despojado del toque que le brinde los ideales que descubran su invulnerable concreción.


Levanta los indescifrables surcos que lo perfilan y lo detallan en sus mecanismos humanos. Mira, escucha, puede pensar, sabe comer e incluso hablar y atarse al ritmo actualizado provisto de falsos dioses, los profetas de la ingenuidad, mesías modernos.
Poseído entre límites ambulantes busca explicarse aquella realidad que lo puede convertir en ser objeto de enamoramiento. Espera con tacto, palpa posibilidades, subtiende flancos, sabe que puede llegar el amparo que lo descubra como tal.


La madre desnudez se inventa e inventa el lenguaje de los cuerpos. Enerva de espacio distancias y profundidades y del tiempo subvierte sus puntuales objeciones lógicas que se encadenan como fibras de un airar horas, minutos, segundos.


En su narcótico pulular espera. En la mejor posesión del no espacio y del vacío tiempo somete a cuerpos y poseedores y los hace expresar la lengua de los cuerpos, ese lenguaje hecho sílabas detenidas, palabras impronunciables, setos incoloros.
En la noche, en instantes de día, cuando el sol parece ocultarse o surgir, esperamos ese efecto devastador que narra el origen de ideales y de la objetividad transpuesta de cuerpos y almas y reduce la vida a pulsaciones y secretas caricias.


Desnudez que acompaña el vacío humano hecho naturaleza y sorpresas, cuando la soledad descubre la desnudez frente a lo más sagrado y ante la divinidad que simplemente asemeja la vastedad del oponente con el que hacemos uno.


Con el desnudarse se cuelan pócimas, la oración de hacerlo endilga acontecimientos, se inventan realidades que existen y que producen sueños, invenciones de libros y de toques que se dejan reposar en cada piel que se curte de sentido y letras.


Suelo, consuetudinariamente, desnudar almas y sentirme entre vacíos y en la mortalidad universal, recorrer de los instantes sus puentes que invento cuando miro esta realidad que me recuerda la corporeidad hecha de tesis en tu recuerdo.

Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com

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