Todo llamado rompe
la simultaneidad y el momento
y muda el corazón de energías
tal si bufón bailara de dentro.
Definir el instante que contiene
desde la muerte la vida como
las ruinas bautizadas de historia
se torna imprescindible entonces.
Intenté deletrear su magia
y en el círculo del todo
esa virtualidad condujo
al vértigo de la inanición.
Temprano me abordó los linderos
y asomó desde la puerta su néctar
con tanta furia insípida que el nombre
en simultaneidad transformó el otro.
Limitar condiciones humanas
fue entonces su consigna e impregnó
con la suavidad de su tacto
el introito vaivén del caminar.
Expuso cascabeles y el lodo
del paisaje mojó las entrañas
y al espíritu los unos iguales fueron
la desnudez de su rebeldía.
Una piel incolora y convertida
en la vena sagrada sin fortuna
dispuso el anterior afuera
en la crin intuitiva e invisible.
Lo diminuto se hizo inexistente
y el viaje hacia la nada ganó
perturbadora instancia creadora
la creadora de la fuga incierta.
Memento y regresar al fuero interno
e insalvable de las cosas mundanas
tan sin nobleza y sin destreza
como el arranque de caballo.
¿Cómo llamar el gran impulso
que mueve patas y músculos
y reglas insondables que se abren
insidiosas si canta el universo?
Creí leer del diario local
nuevas formas del mundo
infinitesimales
y aspiró el infinito inteligencia.
Cuando me tocó el hombro musitó
que funciona el vivir si el universo
nos sueña al dibujarnos
mientras imaginamos.
El viejo estilo de palabra
dejó caer el lápiz y sin eco
se ahogaron entre yertas hojas
los pálidos recuerdos de energía.
Somos esa inconstancia
que a veces despierta en el refugio
indispuesto de la vida
tornándonos en loco recorrer.









