Reinas desterradas, fotógrafas, psicoanalistas, médicas, cineastas, espías, heroínas, inventoras, empresarias, deportistas, musas, modelos, esposas, madres, hijas, hermanas, niñas prodigio, programadoras, pintoras, concubinas, guerreras, samuráis, militares, luchadoras sociales, viajeras, arqueólogas, activistas, pilotos…. y podríamos seguir enumerando profesiones y oficios para las mujeres, sin embargo lo que hoy deseo ponderar es la fortaleza que existe en cada una de nosotras para influir positivamente en nuestro entorno.
Las mujeres hemos emprendido un camino sin retorno para fortalecernos, convivir y celebrar la lucha hacia una vida libre de violencia que se conmemora el 25 de noviembre, pero esta utopía para muchos, sólo se logrará con el esfuerzo y comprensión de la sociedad en su conjunto.
Y es que restar méritos o falta de reconocimiento hacia una mujer, o más aún, que una mujer sea la que haya realizado el trabajo y otro se lo adjudique, ya no es el camino, actualmente nuestras hijas, sobrinas y en general las niñas, están creciendo con otra mentalidad y contexto, más libre y más justo. El propio desarrollo y no el sacrificio personal es la principal tarea en la vida y hasta que no sea una realidad plena, es nuestro compromiso promoverlo.
En esta idea, deseo presentarles a una mexicana que trascendió a su época:
Matilde Montoya. Un nombre que injustamente se escucha poco en la actualidad. Se trata de la primera mujer mexicana en obtener el grado de médico, a finales del siglo XIX.
En principio, intentó estudiar en la Escuela de Medicina de Puebla, sin embargo, las críticas y ataques de algunos sectores conservadores la hicieron desistir. Por aquel tiempo, incluso, fue publicado un desplegado, con el encabezado: “Impúdica y peligrosa mujer pretende convertirse en médica”.
Volvió a la Ciudad de México, donde finalmente logró el título de la Escuela Nacional de Medicina, gracias a la intercesión de Porfirio Díaz, que firmó un decreto para permitirle presentar su examen profesional. El día de su titulación, Matilde Montoya cayó desmayada.
Esta mujer mexicana, como muchas otras, fue pionera en nuestro país y encargada de abrir una brecha para que muchas más siguieran su ejemplo.
Al igual que Matilde, las mujeres hemos nacido para trascender, desde el lugar y espacio donde nos encontremos, siendo empáticas, solidarias y practicando la sororidad entre unas y otras, sólo así habrá de reducirse la brecha de desigualdad y de violencia que lamentablemente persiste.
Generemos conciencia y tengamos la voluntad para seguir abonando a esta importante tarea, nuestro derecho es vivir en plena libertad, sin miedo y sin ataduras.
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