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La urgencia de mantener la creencia

El principal problema que enfrenta el presidente Andrés Manuel López Obrador consiste en la urgencia con la que está decidido a operar para garantizar que la gente reconozca a su gobierno, no sólo a su persona, y en esa medida, se mantenga la creencia en él, en su liderazgo y en su movimiento.

Pero su obcecación tiene un límite estructural, que se expresa en la existencia de un desajuste entre la velocidad con se han ido posicionado las ideas políticas populistas en el escenario público, traducidas en sendas promesas del gobierno de la “cuarta transformación” hasta hoy incumplidas, todas, y la fórmula que la respuesta institucional a través de las políticas públicas requiere, la cual exige método, parsimonia, proceso de decisión y proceso hacendario.

En efecto, la primera decisión y la más importante es la presupuestal: cualquier promesa de campaña debe traducirse, quiérase o no, en medida de política y contar con recursos para poder ejecutarse. Pero para que esto suceda, debe existir una suerte de armonía técnica que reedite el planteamiento político y le confiera viabilidad jurídica bajo la forma de gasto público, cuyos resultados estén a la vista. Y aquí está el error del equipo del presidente López y de él mismo: querer ejercer un presupuesto cuya estructura no se ajusta a las nuevas prioridades que el gobierno quiere imponerle, lo que los obliga a violar la ley, a cancelar proyectos y programas, a idear proyectos sin sustento, a ejercer recursos sin bases de operación, a abandonar mecanismos que ya han probado su eficacia sin saber ni tener con qué sustituirlos.

La “cuarta transformación” ha tropezado con esta larga sotana de promesas que no se dejan cristalizar en actos de gobierno: no sólo por sus desvaríos y juegos con los simbolismos de todo tipo, incluidos los religiosos, que desbordan sus augurios originales y los hacen prometer aún más y mentir, confrontar y contradecir, sino sobre todo debido a la urgencia de dar respuestas a los enormes compromisos en que incurrieron.

En estas circunstancias de urgencia y desesperación, se pierde creatividad y capacidad innovadora, se cae en ansiedad gubernamental y es más fácil cometer errores que dar en el blanco. Al no estar en condiciones de responder institucionalmente a las pruebas exigidas por sus seguidores, la “cuarta transformación” es incapaz de observar la realidad y ésta se apodera de su decidir, el que cae en la ilegalidad y en los mismos vicios que dice combatir.

Los ejemplos se repiten sin cesar, todos los días. El más reciente ilustra esta circunstancia. El IMSS dio a conocer el número de trabajadores registrados, que se ubicó en 20 millones 383 mil en el quinto mes del año, lo que implicó un incremento de apenas 3 mil 983 plazas respecto a abril, cifra que contrasta significativamente con los 33 mil 966 puestos de trabajo generados en mayo de 2018. Esto equivale a una contracción de 88%, de acuerdo con los registros del propio IMSS y que se dieron a conocer. Estas cifras no gustaron al presidente López.

Además, la creación de empleos durante el quinto mes del 2019 fue resultado de la disminución de 36 mil 861 empleos eventuales acompañados de la creación de 40 mil 664 empleos permanentes, comportamiento explicado, principalmente por efectos cíclicos.

En tanto, en los últimos 12 meses se encuentran registrados 474 mil 838 nuevos empleos, que equivale a un crecimiento anual de 2.4%, la peor variación desde marzo de 2010.

Por supuesto que estos datos fueron negados y el presidente López los desacreditó esta vez con la “explicación” de que no toman en cuenta las becas otorgadas a los jóvenes. El problema no es si se toman en cuenta o no las becas en el conteo de los empleos generados, sino el que cada vez más se recurra a ficciones para intentar ajustar la realidad a las afirmaciones discursivas.  

La ansiedad impone al presidente dar muestras de gobierno, pero la realidad, un escenario internacional de incertidumbre, las menores expectativas en torno al crecimiento y la acumulación de decisiones equivocadas se oponen a ello. Ha llegado el momento de corregir.

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