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La alfabetización de las mujeres: una deuda que todavía tiene rostro femenino

Leer una carta, firmar un documento, entender una receta médica o escribir nuestro propio nombre puede parecer algo cotidiano.

Sin embargo, para millones de mujeres, durante generaciones, ninguna de estas acciones estuvo garantizada.

La alfabetización de las mujeres todavía es un desafío en México

Este 8 de septiembre, Día Internacional de la Alfabetización, la conversación cobra especial relevancia.

En 2026 se cumplen 60 años de esta conmemoración y, por primera vez, la celebración mundial de la UNESCO tiene lugar en México, con un encuentro internacional programado para el 8 y 9 de septiembre.

Pero hay una cifra que obliga a mirar más allá de la celebración.

De acuerdo con cifras del INEA basadas en el Censo de Población y Vivienda 2020, alrededor de 2.7 millones de mujeres se encontraban en situación de analfabetismo, frente a 1.8 millones de hombres.

Es decir, aproximadamente seis de cada 10 personas adultas que no saben leer ni escribir en México son mujeres.

Y no es una casualidad.

Es el resultado de una historia.

Cuando estudiar no era considerado necesario para las mujeres

Durante mucho tiempo, la educación se entendió de manera distinta para hombres y mujeres.

A ellos se les preparaba para trabajar, participar en la vida pública y tomar decisiones.

A ellas se les educaba principalmente para el hogar, la crianza y el cuidado de los demás.

Así se construyó una idea profundamente desigual: que una mujer no necesitaba estudiar si su destino ya estaba escrito.

No necesitaba conocer sus derechos si alguien más decidiría por ella.

No necesitaba leer contratos si no sería quien los firmara.

Ese pensamiento dejó huellas que todavía permanecen.

Aunque México ha avanzado en materia educativa, la desigualdad no desaparece de un día para otro.

Entre la población en rezago educativo también existe una brecha de género: las mujeres representan aproximadamente 53% del rezago educativo, frente a 47% de los hombres.

La desigualdad también tiene rostro rural e indígena

El acceso a la educación tampoco ocurre en las mismas condiciones para todas.

Las mujeres que viven en situación de pobreza, en comunidades rurales o indígenas, suelen enfrentar obstáculos adicionales para acceder y permanecer en el sistema educativo.

A ello pueden sumarse las barreras lingüísticas, culturales, económicas y familiares.

Por eso, hablar de alfabetización también significa hablar de desigualdad.

Y, sobre todo, de oportunidades.

Aprender a leer también significa ganar autonomía

Una mujer que aprende a leer no solamente aprende letras.

Aprende a reconocer una dirección, entender un documento, conocer sus derechos y leer el nombre de un medicamento.

También puede hacer cuentas, utilizar herramientas digitales y comunicarse sin depender de alguien más.

Pero hay algo todavía más importante: descubre que puede seguir aprendiendo.

La UNESCO considera la alfabetización un derecho humano fundamental y una puerta de entrada al ejercicio de otros derechos y a mayores libertades.

Por eso, alfabetizar a una mujer no consiste únicamente en enseñarle a leer y escribir.

Es ampliar su capacidad para decidir.

Es darle herramientas para participar en su comunidad, defender sus derechos, acceder a oportunidades laborales y tomar decisiones informadas sobre su propia vida.

El problema no era que las mujeres no quisieran aprender

Hay una idea que también necesita cambiar.

El problema nunca fue que las mujeres no quisieran aprender.

Muchas veces, simplemente no tuvieron la oportunidad.

Hubo niñas que dejaron las aulas para cuidar a sus hermanos.

Adolescentes que escucharon que estudiar “no era para mujeres”.

Madres que priorizaron la educación de sus hijos porque los recursos no alcanzaban para todos.

Mujeres indígenas que enfrentaron barreras lingüísticas y culturales.

Y mujeres que crecieron escuchando que estudiar era una pérdida de tiempo porque su verdadero destino estaba en el hogar.

Por eso, cuando una mujer adulta se sienta hoy frente a un cuaderno para aprender a escribir su nombre, no estamos viendo simplemente a una alumna.

Estamos viendo a una mujer rompiendo una historia.

Y eso merece respeto, no lástima.

Nunca es demasiado tarde para aprender

Nunca es demasiado tarde para descubrir un libro.

Nunca es demasiado tarde para escribir una carta.

Nunca es demasiado tarde para terminar la escuela.

Nunca es demasiado tarde para comenzar una nueva historia.

La alfabetización también transforma generaciones.

La UNESCO destaca que las mujeres alfabetizadas tienen mayores opciones de vida y que los efectos de su educación alcanzan a sus familias, particularmente a la educación de las niñas.

Quizá por eso, el Día Internacional de la Alfabetización debería invitarnos a cambiar la pregunta.

No solamente preguntarnos:

¿Cuántas mujeres todavía no saben leer y escribir?

También deberíamos preguntarnos:

¿Qué hicimos como sociedad para que durante tanto tiempo no pudieran hacerlo?

Y, sobre todo:

¿Qué vamos a hacer para que ninguna niña crezca pensando que su educación vale menos que la de un niño?

Alfabetizar también es transformar generaciones

La alfabetización de las mujeres no es solamente una meta educativa.

Es una cuestión de justicia.

Es igualdad.

Es autonomía.

Es libertad.

Y también es una forma silenciosa de transformar generaciones.

Porque cuando una mujer aprende, no solamente cambia su propia vida.

Muchas veces también cambian las posibilidades de quienes vienen detrás de ella.

Y cuando una mujer escribe su nombre por primera vez, hay algo mucho más grande que unas letras apareciendo sobre una hoja.

Hay una declaración:

“Esta historia también es mía. Y ahora puedo escribirla yo.”


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