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Kansas City: el corazón de Estados Unidos también juega el Mundial

Kansas City es una de esas ciudades que enseñan, desde la primera visita, que Estados Unidos no siempre es lo que uno imagina desde fuera. La conocí en 1977, cuando era muy joven, en un viaje por tierra desde Minnesota hasta Texas. Viajaba con un amigo y con su papá, y en el trayecto hicimos una parada en Kansas City. Fue una experiencia distinta: carretera, conversación, paisaje y la sensación de estar cruzando el verdadero centro del país.

Ahí descubrí algo que sorprende a muchos hasta hoy: Kansas City no está en el estado de Kansas, sino en Missouri, aunque su área metropolitana se extiende a ambos lados de la frontera estatal. Una ciudad partida en dos, pero con una identidad muy clara.

Kansas City se encuentra en lo que los estadounidenses llaman el Heartland, un término que suele traducirse literalmente como “el corazón de la tierra”, pero que en realidad se refiere al corazón productivo y simbólico del país: grandes extensiones agrícolas, ciudades medianas, comunidades trabajadoras y una fuerte conexión con la identidad nacional. No es la costa glamorosa ni el poder político de Washington; es el Estados Unidos profundo, el que alimenta, produce y sostiene.

En los últimos años, Kansas City ha vivido un notable crecimiento en torno al deporte. Su equipo de futbol americano, los Kansas City Chiefs, se ha convertido en una referencia nacional, y ahora la ciudad se prepara para recibir uno de los eventos más importantes del planeta: la Copa del Mundo de Futbol 2026.

Los partidos del Mundial se jugarán en el Arrowhead Stadium, uno de los estadios más emblemáticos del país, famoso por su capacidad, su ambiente y por ser uno de los más ruidosos del mundo. Durante el torneo, Kansas City será sede de varios partidos de fase de grupos, además de un partido de eliminación directa y un encuentro de cuartos de final, lo que la colocará en el centro de la atención internacional durante varias semanas.

Pero Kansas City no es solo estadios y futbol. Es una ciudad que se vive a través de su cultura y, sobre todo, de su comida. Aquí el BBQ no es una moda: es una tradición profundamente arraigada. El barbecue de Kansas City se caracteriza por carnes cocinadas lentamente al humo, acompañadas de una salsa espesa, ligeramente dulce y especiada. Costillas, brisket, cerdo deshebrado y burnt ends forman parte del menú cotidiano, y cada restaurante defiende su receta como un legado familiar.

La ciudad también presume una herencia musical notable, especialmente ligada al jazz, así como museos de gran nivel, como el Museo Nacional de la Primera Guerra Mundial, uno de los más importantes del país, y espacios culturales que reflejan la historia social y deportiva de Estados Unidos.

Kansas City no intenta deslumbrar; convence. Tiene ese encanto de las ciudades que no necesitan exagerar, porque saben quiénes son y de dónde vienen. Tal vez por eso, volver a pensar en aquella visita de 1977, hecha sin prisas y por carretera, cobra hoy un sentido especial: era una forma distinta de conocer el país, atravesando su verdadero corazón.

Ahora, con el Mundial en puerta, Kansas City vuelve a ponerse en el mapa global. Y vale la pena mirarla con atención.

Viajemos juntos.

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