Inversión fija bruta registra otra severa caída

Inversión

La lógica de la política y la de la economía no son intercambiables. Puede tratarse de moldear la economía, de impulsar su crecimiento, de hacer política económica o de dirigir las intenciones hacia el logro de un resultado, pero el sistema económico tiene sus propias maneras, principios y mecanismos de funcionamiento.

Esta realidad, que parece que ha permeado en el discurso ideológico del poder presidencial, se mostró en el envío al Congreso de un presupuesto equilibrado fiscalmente en cumplimiento a sus compromisos en la campaña. Se ha puesto en evidencia en varias ocasiones cuando se ha intentado, por parte de actores políticos de Morena, presentar propuestas legislativas contrarias al clima de negocios financieros que podrían apoyar un crecimiento del 4%, que han sido tranquilizadas, cuando no totalmente descalificadas, por parte del equipo económico del presidente.

En las últimas semanas el poder presidencial ha mostrado ser poseedor de una legitimidad política inusual, ganada por una propaganda diaria con sesgos de un monólogo ideológico que busca la justificación de decisiones, sean éstas correctas o incorrectas, informadas o sentidas, en medio de un juego de contrarios, donde el presidente alza la voz de la manipulación y las intenciones antes que probar por la fuerza de la razón y la demostración de evidencias. Sin embargo, esta legitimidad no se traduce de manera automática en crecimiento y ahí chocan los códigos políticos respecto de los económicos.

En una economía mundial en la que según la OCDE existe una tendencia marcada de una desaceleración y persiste la incertidumbre y un conjunto de riesgos importantes, al tiempo que el crecimiento se debilita mucho más de lo previsto en Europa, México requiere mucho más que posicionamientos morales y cuadraturas centralistas presidenciales que, lejos de llamar a la confianza, sesgan las motivaciones de los inversionistas y actores de los mercados.

Para que el país crezca se requiere, entre muchas cosas, que exista inversión productiva (no premios al voto revestidos de “programas sociales” a través del presupuesto público) y ésta se está debilitando, además de que se la ahuyenta con críticas baratas que a veces no pueden atemperarse del todo por parte del gabinete económico del presidente.

Según cifras desestacionalizadas dadas a conocer recientemente por el INEGI, la inversión fija bruta (equivalente a la formación bruta de capital fijo) mostró una preocupante caída de -6.4% entre diciembre de 2018 y diciembre de 2017, la construcción de -4.6% en el mismo lapso y la de maquinaria y equipo de -9.4%.

La caída real de diciembre respecto al mes de noviembre fue de -0.7%. Por componentes, los gastos en maquinaria y equipo total disminuyeron -3.8%, en tanto que los de construcción reportaron un incremento real de 0.7% en el último mes de 2018 respecto al mes inmediato anterior.

El Indicador de la inversión fija bruta (IFB) como lo señala el INEGI, proporciona información sobre el comportamiento mensual de la inversión fija, integrada por los bienes utilizados en el proceso productivo durante más de un año y que están sujetos a derechos de propiedad. Ésta muestra cómo una gran parte del valor agregado bruto en la economía se invierte en lugar de ser consumida.

Esta tendencia negativa de diciembre corrobora que desde marzo de 2018 la IFB ha venido descendiendo en sus niveles. De acuerdo con esta tendencia, la conclusión estriba en que el gobierno federal deberá hacer más para recuperar la inversión y que pueda elevarse el crecimiento del país. Para empezar, generar más confianza entre inversionistas mediante un clima de notorio respecto y mayor conocimiento presidencial que mejore la prudencia, en lugar de dedicarse a descalificar.