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Entrar a la BUAP o entrar en crisis

Hoy es uno de esos días que tienen vibra de final de temporada. Se publican los resultados del examen de admisión de la BUAP y, literal, el destino de cientos de jóvenes en Puebla toma rumbo.

Si tú eres uno de los que están temblando con el celular en la mano y el F5 atorado en la compu, respira: no estás solx. Todos, en algún momento, pasamos por ahí.

Les voy a contar una historia… La mía. Cuando salí de la prepa hice lo que toda mi generación: me lancé por un lugar en la BUAP, con toda la emoción del mundo y creyendo que entrar era una mezcla entre echarle ganas y tener buena vibra. Mi sueño era Comunicación. Estudié, fui al curso sabatino, tenía buen promedio… y aun así: no quedé.

Ese día lo tengo tatuado en la memoria: ver a todo el mundo en Facebook celebrando que sí había entrado, publicando que Medicina, que Derecho, que Arquitectura… y yo, con el corazón hecho papilla, respondiendo mensajes que empezaban con: “¿Y tú sí quedaste?”. Spoiler: no. Y aunque mi familia me abrazó con amor y cero juicio, claro que me sentí mediocre. ¿Qué había hecho mal?

En ese entonces, no me fui a una universidad privada de élite. Con un esfuerzo enorme de mis papás, me inscribí a una escuela incorporada a la BUAP —más accesible, pero no por eso menos valiosa— y mi plan fue prepararme con todo para volver a intentarlo el año siguiente. Y lo hice. Y quedé. Esa fue mi pequeña victoria. Pero también entendí que lo más valioso fue no rendirme, no dejar que una lista definiera mi historia.

Hoy no vengo a dar mensajes de esperanza fáciles. Sé que muchos no tienen más opciones si no entran. Y eso es lo que duele. Pero también sé que el simple hecho de haber hecho el examen ya es una señal de que están buscando progresar, de que no quieren rendirse. Y eso, aunque no se vea en un folio, vale muchísimo.

A los que hoy no quedaron, no les digo “todo pasa por algo”. Les digo: si pueden, inténtenlo de nuevo. Y si no, busquen otra puerta, aunque sea más estrecha. A veces, los caminos menos glamurosos también nos forman. Y créanme, la BUAP no es la única forma de ser alguien. Ser alguien se construye todos los días, con disciplina, con constancia, y sobre todo, con hambre de crecer.

Y si hoy te sientes triste, frustrado, decepcionado de ti mismx… solo quiero decirte: yo también me he sentido así. Y sigo aquí. Y tú también puedes.

La Chica Única

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