Cada año se producen cerca de 400 millones de metros cuadrados de tela, de los cuales se desperdicia cerca del 15% de tejido virgen. Esto se traduce en altos índices de contaminación de suelo y agua.
Diseñar desde la cultura de residuo cero (zero waste) permite observar los telares como bienes preciados en sí mismos, además de revalorizar el esfuerzo humano para convertirlos en piezas de ropa. La Licenciatura en Diseño Textil de la IBERO Puebla contó con los testimonios de dos empresas de alcance internacional que han adoptado estrategias para construir modelos de consumo ecoamigable de moda.
Más con menos
Cuando Beaumaris Eilean Santillán Aldana terminó la preparatoria en 2014 se percató de que la industria textil era una de las más contaminantes. Sus acercamientos con el mundo de la moda comenzaron dos años antes con la creación de una marca de ropa bautizada con su nombre de pila. Desde 2016, Eilean es considerada una empresa 100% orgánica que busca alentar el uso de materia prima mexicana.
En 2018, la ONU clasificó a la moda pronta (fast fashion) como emergencia ambiental, lo que elevó la conciencia sobre los métodos de producción y los hábitos de consumo. Iniciativas como Fashion Revolution (España) han lanzado múltiples iniciativas para obligar a las grandes empresas a transparentar las condiciones bajo las cuales se fabrica la ropa.
Como respuesta al nuevo paradigma de la industria, en México se consolidó el concepto de moda ética en correspondencia con el trabajo con artesanos y sus derechos laborales y de propiedad intelectual. Posteriormente, se atendieron situaciones relacionadas con los recursos naturales.
La empresaria indicó que la moda puede encontrar sus problemas medulares en las cadenas de producción más que en los materiales: por corte de prendas, el 20% de los residuos textiles son nuevos. “En México, solo el 2% de los residuos textiles se reciclan. Hay muchas oportunidades para hacer negocio con reciclado. Me parece impresionante que se desperdicie tanto”.












