Cada bailarina que sube a un escenario lleva consigo mucho más que una coreografía: lleva horas de entrenamiento, sueños que comienzan desde la infancia, el apoyo de su familia y la valentía de presentarse frente a un público para compartir su talento.
En una entrevista exclusiva para Revista ÚNICA, la maestra Valeria Bautista, de la Academia Elite Star Ballet, comparte la experiencia de sus alumnas en el concurso internacional Prix de la Danse Luisa Díaz, realizado en la Ciudad de México, donde Carol Ramírez, Mía Ramírez y Vale Flores conquistaron el primer lugar con una coreografía grupal de danza clásica.
La competencia reúne distintas disciplinas, entre ellas ballet clásico, danza contemporánea y neoclásico.
Para estas pequeñas bailarinas, participar significó enfrentar nuevos retos, disfrutar del escenario y descubrir que el trabajo en equipo también puede convertirse en una forma de alcanzar grandes sueños.
Pero detrás de la medalla hay una enseñanza todavía más importante: aprender a perseverar, confiar en una misma y entender que cada paso cuenta.

Una coreografía que demuestra que aprender también es jugar
La maestra Valeria Bautista explica que la coreografía grupal, creada por la maestra Silvia Benítez, fue diseñada para conectar con la edad y la imaginación de las pequeñas.
Carol Ramírez, Mía Ramírez y Vale Flores participaron en el concurso de Prix de la Danse Luisa Díaz Ciudad de México.
La historia comienza en un parque, donde tres niñas juegan y saltan la cuerda. De pronto, llega Mía, quien también quiere participar. Al principio lo intenta, pero no consigue saltar. Entonces, sus compañeras deciden ayudarla hasta que las tres logran hacerlo juntas.
Una historia sencilla, tierna y llena de significado que conquistó al jurado con su propuesta lúdica y apropiada para las bailarinas.
Para la maestra, este tipo de trabajos es fundamental durante la formación infantil: permite que las niñas comprendan lo que interpretan, disfruten el movimiento y desarrollen su expresión artística sin perder la esencia de su edad.
El resultado fue el primer lugar, un reconocimiento que celebra no solamente la técnica, sino también la interpretación, la coordinación y la capacidad de contar una historia a través de la danza.

Prix de la Danse: competir también enseña a crecer
¿Qué representa para la academia obtener este primer lugar en el Prix de la Danse Luisa Díaz?
Valeria Bautista: Estamos muy contentas. Fue una presentación grupal de clásico con una coreografía de la maestra Silvia Benítez. Es una historia muy acorde con la edad de las niñas, porque buscamos que sea lúdica y que ellas puedan entenderla y disfrutarla. El resultado fue el primer lugar, y estamos muy orgullosos de su trabajo.
¿Además del primer lugar, las alumnas recibieron becas o algún otro reconocimiento?
En esta ocasión obtuvimos el primer lugar y la medalla correspondiente. Las becas se otorgan dentro del concurso mediante otros reconocimientos, como las mejores coreografías o las mejores interpretaciones.
¿Es la primera vez que Elite Stars Ballet obtiene un reconocimiento importante en esta competencia?
No. Desde la primera edición, en 2020, obtuvimos el premio a la mejor interpretación con nuestra alumna Michelle Fuentes, a quien ustedes ya han entrevistado.
Estamos muy orgullosos de que de nuestra academia surjan talentos que puedan llegar a compañías internacionales. A lo largo de estos años hemos obtenido distintos primeros lugares en esta competencia.
¿Cómo preparan a las bailarinas para participar en un certamen de este nivel?
Nuestro grupo de competencia trabaja por periodos de un año. Durante ese tiempo participamos en tres competencias y establecemos objetivos para cada una.
La primera tiene metas más realistas porque es el inicio del ciclo. Conforme las alumnas cumplen esos objetivos, avanzamos hacia los siguientes retos. De esta manera, ellas van creciendo dentro de su entrenamiento y pueden reconocer sus avances.
¿Qué distingue al grupo de competencia de las clases regulares de ballet?
El grupo se llama Open Division, de la Academia Elite Stars Ballet. Las alumnas entrenan más días y durante más horas que quienes asisten únicamente a las clases regulares.
Además de ballet, toman repertorio, donde ensayan sus coreografías, así como danza contemporánea y jazz. Es una preparación integral que les permite desarrollar distintas habilidades.
¿Qué tan importante es que las academias de Puebla participen en competencias nacionales e internacionales?
Valeria Bautista: Puebla todavía tiene poca presencia en los escenarios nacionales y, sobre todo, internacionales. Sin embargo, cada vez hay más maestros que nos animamos a participar, porque es una oportunidad para mostrar nuestro trabajo a otros niveles.
Entiendo que algunas academias se enfocan más en impartir clases, y eso también es maravilloso, porque la danza genera valores en los niños que les servirán durante su vida adulta y en su trabajo.
Pero considero que la competencia también es importante. La vida no es fácil y nos enfrentamos constantemente a retos. A veces no logras subir al medallero porque todavía hay aspectos que debes trabajar, pero puedes prepararte para intentarlo el siguiente año.
La competencia les brinda herramientas para enfrentar los desafíos, aprender de los resultados y descubrir que un objetivo no alcanzado puede convertirse en la motivación para seguir adelante.
¿Qué sigue para la academia?
Valeria Bautista: Tenemos diferentes actividades a lo largo del año. Entre ellas, la participación en la final del Youth America Grand Prix, en Córdoba, y nuestra función de diciembre, en la que presentamos La fille mal gardée, conocida en español como La chica malcriada, con la participación de las alumnas de la academia.


Carol Ramírez: bailar entre nervios y felicidad
Para las pequeñas artistas, salir al escenario es una experiencia que mezcla emoción, nervios y satisfacción. Carol Ramírez comparte cómo vivió esta competencia y qué significó para ella formar parte de la presentación ganadora.
¿Cómo te sentiste al participar en un escenario tan especial? Bien y nerviosa.
¿Qué te dijeron tus papás antes de presentarte? Que me fuera muy bien, que le echara muchas ganas y que disfrutara.
¿Qué les dirías a otras niñas que quieren estudiar ballet? Que pierdan sus miedos, vayan avanzando y bailen más.

Camila Ramírez: confiar en el trabajo realizado
Otra de las experiencias compartidas durante la entrevista fue la de Camila Ramírez, quien habló de los retos de competir y de la importancia de reconocer el esfuerzo propio.
Camila tiene 12 años, lleva tres meses en la academia. Participó en categoría fue D y yo me ganó el primer lugar y siete becas.
¿Cómo te sentiste al participar en el concurso? Me sentí muy bien porque sabía que había trabajado muy duro para la competencia y que iba a dar lo mejor de mí.
Qué pensabas cuando llegaron los nervios? Me sentía nerviosa, pero recordaba que había venido para mostrar mis logros y mis metas. También sabía que, pasara lo que pasara, tenía el apoyo de la academia y de mi familia.
¿Cómo fue tu presentación? Mi escena trataba de una muñeca que tenía un brazo roto y que se encontraba escondida. Mi vestuario era muy colorido, con tonos fuertes para que se viera divertido. También llevaba un gorro de lado.
Su experiencia demuestra que el escenario es mucho más que un lugar para recibir una calificación: es el espacio donde las bailarinas ponen a prueba lo aprendido, expresan su creatividad y descubren de qué son capaces.
Camila Vélez: cuando la música transforma los nervios en confianza
Con ocho años de formación en la academia, Camila Vélez compartió la emoción de interpretar sus coreografías y mostrar al público el resultado de su preparación.
¿Cómo te sentiste al participar en el concurso? Me sentí muy emocionada porque me encantaba mi vestuario y mi coreografía. Quería presentarla frente a varias personas.
¿Qué sentiste antes de salir al escenario? Tenía muchos nervios porque sentía que podía pasar algo malo. Pero, cuando comenzó la música, me tranquilicé y fluyó todo lo que había ensayado.
¿Qué historias interpretaste a través de la danza? Una de mis coreografías era la de un hada del bosque que acompañaba a Aurora, la Bella Durmiente, para concederle sus deseos. Mi vestuario era verde, acorde con la temática del bosque. La otra coreografía trataba de Quetzalcóatl, una serpiente que se transformaba en ave.
Sus palabras son un recordatorio de que el crecimiento artístico también consiste en reconocer el propio esfuerzo. Cada ensayo deja aprendizajes que, llegado el momento, se convierten en confianza sobre el escenario.

Soñar en grande, paso a paso
La historia de estas bailarinas poblanas demuestra que los grandes escenarios comienzan con pequeños pasos.
Una cuerda que al principio no se puede saltar, una coreografía que requiere repetición o los nervios antes de escuchar la música pueden convertirse en experiencias que enseñan a confiar, trabajar en equipo y perseverar.
Para la maestra Valeria Bautista, participar en competencias representa una oportunidad de mostrar el talento formado en Puebla y ofrecer a sus alumnas herramientas para enfrentar los desafíos dentro y fuera de la danza.
Y para Carol, Mía, Vale, Camila Ramírez y Camila Vélez, cada presentación forma parte de una historia que apenas continúa escribiéndose.
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