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El terremoto que dejó aulas vacías y una maestra en duelo

Para Madeleine Cova, volver a las aulas después del terremoto que sacudió Venezuela significa enfrentarse todos los días a los lugares que alguna vez estuvieron llenos de estudiantes.

La profesora de secundaria perdió a cientos de alumnos tras los sismos que golpearon el norte del país el pasado 24 de junio.

Cova trabajaba como profesora de Castellano y Literatura en el colegio privado Alejandro Otero y también era coordinadora en el liceo público Juan José Mendoza, en La Guaira. En este último centro educativo, la magnitud de la tragedia transformó por completo a la comunidad escolar.

En julio, la docente publicó un video en redes sociales dedicado a sus estudiantes fallecidos. En ese momento contabilizaba 115 alumnos muertos. Sin embargo, la cifra aumentó con el paso de las semanas. Actualmente, Cova estima que en el liceo público hay más de 230 estudiantes fallecidos y más de 200 desaparecidos.

La pérdida no se limita a los números. Cova explica que mantenía una relación cercana con muchos de sus alumnos: conocía sus problemas, sus metas y compartía momentos fuera de la escuela. Por eso, asegura que para ella eran como sus propios hijos y que todavía le resulta difícil aceptar que ya no están.

“Me queda un vacío, es como si me faltara una parte de mi cuerpo”, expresó la profesora al hablar sobre el duelo que atraviesa. También cuenta que algunas personas cuestionan que continúe sintiéndose triste meses después de la tragedia, pese a que su familia sobrevivió.

Terremoto en venezuela

El impacto también se refleja en las aulas. En el liceo Juan José Mendoza, antes del terremoto existían alrededor de 22 secciones de educación secundaria. Después de la tragedia, solo se han podido conformar cinco, una por cada año escolar, debido a las pérdidas y al desplazamiento de familias hacia otras regiones.

La situación forma parte de una emergencia educativa mucho mayor en La Guaira. De acuerdo con datos citados por EL PAÍS, 116 de las 316 escuelas del estado resultaron afectadas, mientras que 14 quedaron completamente destruidas. En uno de los centros educativos de la zona, se registró la muerte de 217 estudiantes de una matrícula de aproximadamente 1,000 alumnos.

Para Cova y otros docentes, el terremoto no terminó cuando dejaron de moverse los edificios. El duelo, las desapariciones, el desplazamiento de familias y las aulas vacías mantienen abierta una herida que todavía atraviesa a la comunidad educativa.

Mientras las escuelas intentan reorganizarse, la profesora continúa recordando a sus estudiantes. Para ella, mantener sus fotografías, dedicarles canciones y hablar de ellos es también una manera de conservar su memoria y reconocer el lugar que ocuparon en su vida.

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