El 10 de diciembre de 1968 cuatro trabajadores del banco Nihon Shintaku Ginko transportaban 294,307,500 yenes.
A principios de mes el banco recibió numerosas cartas de amenaza, en las que se advertía que harían explotar la casa del gerente de la sucursal de Kokubunji a menos que pagaran 300 millones de yenes, la policía vigiló por días la casa que supuestamente explotaría, pero esto nunca sucedió y el atraco real se dio totalmente desapercibido.

A la mitad del trayecto un oficial en motocicleta alcanzó el vehículo y les informó a los ocupantes de un reporte en donde se especificaba que la casa del gerente había estallado y que además el camión en el que viajaban cargaba consigo una bomba, los trabajadores que sabían ya, de las cartas de amenaza, no dudaron de lo informado por el oficial e hicieron caso inmediato a la orden de desalojar la furgoneta en la que viajaban; al realizar una exploración en la parte inferior, comenzó a salir mucho humo, los custodios del vehículo rápidamente se alejaron temiendo lo peor, solo para darse cuenta que el camión se alejaba a toda prisa.

Japón no se tomó el caso a la ligera, empezando así una de las investigaciones masivas más serias que se recuerdan, 170 mil policías rastreando el camión por todas partes y repartiendo 780 mil imágenes del presunto culpable, pero jamás lo encontraron, si hacemos los cálculos con la inflación al día de hoy esos son 10,249,649.06 de dólares.
Se esperaba que con el vencimiento del estatuto de limitaciones en 1975 el autor intelectual saliera a la luz, pero no fue así y aunque el caso ya ha prescrito no se sabe nada de un solo hombre disfrazado de policía que logró realizar lo que se cataloga como el robo más grande en la historia de Japón.














