miércoles, julio 24, 2024
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El olvidado Manual de Carreño

Con la liberalidad del momento actual, el lenguaje grosero, vulgar y prosaico que se utiliza hoy día, muchas personas de la tercera edad aún recuerdan y suspiran por aquellos tiempos del Manual de Carreño, escrito en 1853 y que estuvo vigente más de 100 años.


De aquel viejo libro titulado Manual de Urbanidad y Buenas Maneras que nuestras madres, abuelas y bisabuelas tenían como libro de cabecera, vale la pena recordar algunos textos que estuvieron vigentes en América Latina, gracias a Manuel Antonio Carreño, quien nació en Caracas en 1812 y falleció en París en1874.


Carreño comienza con los deberes morales del hombre, donde desarrolla obligaciones para con dios, la sociedad, nuestros padres, con la patria, nuestros semejantes y para uno mismo. Se extiende en normas del aseo, sobre el modo de conducirnos dentro de la casa, en diferentes lugares fuera de ella y en sociedad.


En el capítulo V, llamado Del Modo de Conducirnos en Sociedad y en la Sección Primera llamada De la Conversación, entresacamos algunos párrafos. Juzgará el lector si el Manual de Carreño está fuera de moda:

-2. Nuestro lenguaje debe ser siempre culto decente y respetuoso, por grande que sea la llaneza y confianza con que podemos tratar a las personas que nos oyen.

-5. Así la lentitud como la rapidez en la expresión, cuando se hacen habituales, son extremos igualmente viciosos y repugnantes.

-8. No nos permitamos nunca expresar en sociedad ninguna idea poco decorosa, aun cuando nazca de una sana intención y venga a formar parte de una conversación seria y decente. Lo que por su naturaleza es repugnante y grosero, pierde bien poco de su carácter por el barniz de una expresión delicada y culta.

-11. No está admitido el nombrar en sociedad los diferentes miembros o lugares del cuerpo, con excepción de aquellos que nunca están cubiertos. Podemos, no obstante, nombrar los pies, aunque de ninguna manera una parte de ellos, como los talones, los dedos, las uñas, etcétera. En esto debe también guiarnos la observación de lo que permiten las personas cultas y bien educadas.

-12. Por regla general, deberemos emplear en todas ocasiones las palabras más cultas y de mejor sonido diciendo, por ejemplo, cuello por pescuezo, mejilla por cachete, puerco por cochino, aliento o respiración por resuello, etcétera.

-13. Respecto de las interjecciones, y de toda palabra con que hayamos de expresar la admiración, la sorpresa o cualquiera otro afecto del ánimo, cuidemos igualmente de no emplear jamás aquellas que la buena sociedad tiene proscritas como caramba, diablo, demonio y otras semejantes.

-14. En ningún caso nos es lícito hacer mención de una persona por medio de un apodo o sobrenombre.

-18. Usemos siempre de palabras y frases de cumplido, de excusa o de agradecimiento, cuando preguntemos o pidamos algo, cuando nos veamos en el caso de contrariar las opiniones de los demás y cuando se nos diga alguna cosa que nos sea agradable como por ejemplo: sírvase usted decirme, tenga usted la bondad de proporcionarme, permítame usted que le observe, dispénseme usted, perdóneme usted, doy a usted las gracias, etcétera.

-20. Debemos anteponer siempre las palabras señor o señora a los nombres de las personas que mencionemos en la conversación.

-22. Son actos vulgares o inciviles en la conversación, el remedar a otras personas, imitar la voz de los animales o cualesquiera otros ruidos, hablar bostezando, hablar en voz baja a una persona delante de otra y por último, tocar los vestidos o el cuerpo de aquellos a quienes se dirige la palabra.

-25. En el caso de conocer que la persona con quien hablamos no nos ha comprendido, guardémonos de decirle usted no me entiende, ni ninguna otra expresión semejante que pueda ofender su amor propio. Aunque creamos habernos explicado con bastante claridad, la buena educación exige que le digamos: veo que no he tenido la fortuna de explicarme bien; sin duda no he sabido hacerme entender; o cualquiera otra cosa concebida en términos análogos.

-30. Jamás interrumpamos de modo alguno a la persona que habla. Este acto está justamente considerado como incivil u grosero, y, por lo tanto, proscrito entre la gente bien educada.

Hasta aquí el capítulo de Carreño referente a la conversación. Y como dijo el filósofo, aún hay más.

Esta forma de expresarse es común oírla en películas mexicanas antiguas, aún las de charros y cantores y todavía en la época porfiriana y a principios de los años 50 del siglo pasado.

En fin, como escribió Rubén Darío (Nicaragua 1867-1916) en su poema La Calumnia:

Puede una gota de lodo

sobre un diamante caer;

puede también de este modo

su fulgor obscurecer;

pero aunque el diamante todo

se encuentre de fango lleno,

el valor que lo hace bueno

no perderá ni un instante,

y ha de ser siempre diamante

por más que lo manche el cieno.

raultorress@hotmail.com

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