Ser la «Chica Única» en un mundo de gastos y desafíos financieros a veces se siente como caminar por una cuerda floja sin red de seguridad.
Y justo cuando crees que has logrado mantener el equilibrio, llega la temporada de ofrendas del Día de Muertos para poner a prueba tus habilidades de malabarismo presupuestario.
En Puebla, la llegada de esta festividad no sólo trae recuerdos y tradiciones, sino también un aumento en los precios que puede hacer que cualquier treintona con un salario modesto se pregunte si debería equilibrar el presupuesto o hacer desaparecer su quincena como por arte de magia.
Comencemos con la mandarina, esa modesta fruta que, en esta temporada, parece vestirse de alta costura. El precio por kilo oscila entre 22 y 30 pesitos, y la elección entre estas dos cifras parece ser más difícil que elegir un acto en un espectáculo de circo.
Y eso no es todo, porque el cempasúchil, esa flor naranja que nos llena de tradición y color en esta festividad, parece haber adoptado una personalidad diva, con ramitos que oscilan entre los 20 y 25 pesos. Y para montar un altar decente, necesitas al menos tres de estos presumidos ramos. Así que prepárate para abrir la billetera con gracia y estilo, mientras malabarizas los gastos.
Ah, y ¿qué sería del Día de Muertos sin el pan de muerto? Este delicioso manjar que, aunque no se come solo, tiene un rango de precios que va desde los 15 hasta los 35 pesos por pieza, dependiendo de qué tan fifi sea la panadería que elijas. Parece que las panaderías compiten en un concurso de «¿Quién cobra más por un panecillo con forma de calaverita?».
Y no olvidemos el papel picado, ese toque festivo que da vida al altar y que, a pesar de ser sólo papel, se las arregla para costar entre 2 y 8 pesitos, dependiendo de cuánto brille y destelle. Las veladoras también quieren su parte del pastel, con un costo de 12 pesos cada una. Y si decidimos poner los platillos favoritos de los difuntos, como moles, tamales y bebidas, la cuenta sube más rápido que los aplausos en un show de trapecio.
Pero, chicas, es importante recordar que nuestras tradiciones son una parte invaluable de nuestra cultura. A pesar de los gastos, estas ofrendas son una forma hermosa de honrar a quienes ya no están con nosotros. Aunque al final, sabemos que algunos de estos alimentos se terminarán tirando o se los comerán los perros, es el gesto y el amor lo que cuenta.
Y, aunque la temporada de ofrendas ya ha puesto a prueba nuestras habilidades de malabarismo financiero, se acerca la época más cara del año. Sí, la Navidad se asoma, y muchas de nosotras ya hemos gastado nuestro aguinaldo.
Así que, como «La Chica Única» en el circo de la vida ¡Seguimos malabareando, sonriendo y disfrutando de nuestras tradiciones a pesar de los retos financieros!













