Hay momentos en los que un país se detiene a reflexionar sobre el rumbo que está tomando.
Los acontecimientos recientes en materia de seguridad han generado inquietud en distintos sectores de la sociedad, desde el ámbito académico hasta el empresarial.
Sin embargo, también abren un espacio necesario para replantear cómo fortalecemos una economía capaz de sostener oportunidades reales para las nuevas generaciones.
México ha demostrado que incluso en escenarios complejos existe una enorme capacidad para avanzar. Y es justamente en esos momentos cuando las decisiones individuales y colectivas adquieren mayor relevancia.
Porque más allá de los indicadores económicos, lo que realmente transforma a una nación es la posibilidad de ofrecer caminos de crecimiento que inspiren confianza.
Desde una visión constructiva, hoy considero que existen tres enfoques que pueden ayudarnos a construir una economía más sólida y consciente:
1.- Convertir el talento joven en motor de crecimiento sostenible
Cuando el conocimiento se transforma en habilidades reales y el emprendimiento se acompaña con herramientas adecuadas, la economía encuentra nuevas rutas de desarrollo.
Impulsar espacios donde los jóvenes puedan innovar, aprender y crear proyectos con propósito no solo fortalece el presente, también redefine el futuro productivo del país.

2.- Apostar por la continuidad empresarial como símbolo de estabilidad
En tiempos de incertidumbre, las empresas que mantienen su visión envían un mensaje poderoso. Cada decisión de seguir creciendo, adaptarse o reinventarse refleja la confianza que sostiene a una economía viva.
Más que resistir, se trata de evolucionar y demostrar que el liderazgo empresarial también es una forma de construir certidumbre social.
3.- Diseñar entornos que inspiren crecimiento con responsabilidad
Las ciudades y los sectores productivos necesitan condiciones que fomenten el desarrollo con equilibrio. Simplificar caminos, impulsar la innovación y fortalecer la colaboración entre sociedad y autoridades permite que el crecimiento económico avance acompañado de
bienestar colectivo.
México necesita hoy una narrativa distinta: una que reconozca los retos sin dejar de apostar por la posibilidad de construir algo mejor. Las universidades seguirán formando talento, los emprendedores continuarán imaginando nuevas ideas y el liderazgo empresarial seguirá siendo clave para transformar los desafíos en oportunidades.
Porque al final, la verdadera fortaleza de una economía no está en evitar los momentos difíciles, sino en la capacidad de seguir avanzando con visión y propósito.
Apostar por el talento, la continuidad y la colaboración no es solo una estrategia económica; es una decisión consciente para construir el país que queremos.
Cuando las mujeres lideran, ganamos todos.












