La infancia se perdió en los brazos reconocibles de la luna.
Con ella aprendimos a hablar y soñamos.
En ella se fugaron lágrimas, llantos, perspectivas de vida.
Ella respondió con la cara lozana de ave nocturna que cuida la noche.
Mis noches y las del aparente sol avergonzado.
Miraba a la luna.
Pero ella me miraba también.
La sentí luego en su espontaneidad.
Entre cerrojos y metales logré adivinar su manto de niebla y deslizar mi asombro como se desplaza sin tocar ningún suelo apenas hechizo.
—¡Soy Mengua!, diosa lunar y madre sustituta del crepúsculo— dijo lento, con voz que apenas era y al girar para retirarse puso un libro en mis manos y pronunció algo que no recordé sino tiempo después.
Tiempo llegó.
Las puertas se abrieron y salí del tren.
Dejaba la longeva ironía del no hacer nada.
Sabía en mi interior que todo se transformaría.
Una fortuna vendrá, viene y la siento.
La nueva es de oro, de ley y oración. Fruto.
Tiempo fue.
Toqué el libro en ese instante, a cada momento. Lo abrí. Era liviano (¿seguía siendo liviano?) aunque tenía miles de páginas. Tenía escrito una sola palabra: destino. No comprendí.
Con rostro lanzado al paraíso tocaba con manos imprecisas el libro. Temía volver a abrirlo para que dijera lo mismo. ¿Qué quería decir todo esto: la luna, el giro, un tren, el libro …?
Tiempo contemplativo.
Recuerdo que muchas veces acaricié ese susurro que no entendí y que algún día musitó: “no creas todo lo escrito, pero puede ser tu aventura”.
Retuve mi imagen
una y otra vez en repetidas ocasiones
al verme iniciar
con ternura infinita y tierno desdén
con el afán de quedarme con ese momento
como un momento muy mío
el redactar el título de un poema
que comenzaba con “destino”.
Todo se vino como tempestad
Esparcí muchos soles
me decía después
e intuía que otro leía
llave de la casa de sueños
el destinar destino
con la lectura de destino.
Ambos sentíamos.
Llevo eso cada día.
Siento aún en mi mano
cada vez que metí la mano en el bolsillo
el frío temor a tocar aquel objeto de una palabra.
¿Era libro?
Ya no creo todo lo escrito
pero comienzo con lo leído
la aventura nueva
e invento del paraíso su vida
y de la torpeza que tengo del vivir
su agradable sabor
si bien efímero y noble. Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com












