En tiempos en los que la ciudadanía exige gobiernos cercanos y soluciones concretas, el servicio público encuentra su mayor sentido cuando se construye desde la escucha.
Para Natalia Suárez del Real, Delegada de Bienestar en Puebla capital, el bienestar no es un concepto abstracto ni una promesa política: es obra tangible, comunidad organizada y vecinos participando en las decisiones que transforman su entorno.
Su visión parte de una convicción sencilla pero poderosa: cuando las colonias participan, las soluciones dejan de ser discursos y se convierten en calles pavimentadas, drenaje digno, escuelas seguras y espacios comunitarios que fortalecen el tejido social.
Desde esa perspectiva, su trabajo se ha enfocado en caminar las colonias, escuchar sin intermediarios y convertir las necesidades de las familias poblanas en acciones concretas que generen bienestar real.

Obra comunitaria: bienestar construido desde las colonias
Como Delegada de Bienestar en Puebla capital, Natalia Suárez del Real coordina el seguimiento a programas que buscan transformar directamente el entorno de las comunidades.
Uno de los ejes centrales es el Programa de Obra Comunitaria “Por Amor a Puebla”, una estrategia que coloca a los vecinos en el centro de la toma de decisiones.
A través de asambleas comunitarias, las y los ciudadanos identifican las obras prioritarias en sus colonias, participando activamente en su planeación y ejecución. De esta manera, el bienestar no se impone desde una oficina, sino que se construye de manera colectiva.
“Mi prioridad es acercarme a las colonias para escucharlas y entregarles obra comunitaria”, afirma la delegada.
Más allá de la infraestructura, el programa también impulsa talleres, actividades comunitarias y comités vecinales que fortalecen la organización social. Porque, como señala Suárez del Real, el bienestar también se construye desde la participación ciudadana.

Caminar para escuchar
El compromiso de Natalia Suárez del Real con las familias poblanas tiene un punto de partida claro: caminar las colonias.
En su recorrido por juntas auxiliares, inspectorías y comunidades que durante años se sintieron olvidadas, ha encontrado historias que revelan tanto las carencias como la enorme fortaleza social que existe en cada barrio.
Reuniones vecinales, asambleas comunitarias y visitas domiciliarias forman parte de una dinámica de trabajo donde el diálogo es directo y sin filtros. “Caminar es escuchar”, sostiene.
Esa cercanía ha permitido que programas y recursos lleguen a colonias donde durante décadas se esperaron obras básicas como drenaje, pavimentación o rehabilitación de escuelas.
Transparencia como principio de respeto
Uno de los pilares de su gestión es garantizar que los recursos públicos lleguen directamente a la comunidad.
Para lograrlo, se aplican mecanismos claros de operación, padrones públicos y esquemas de participación donde los propios vecinos administran y supervisan la ejecución de las obras.
“La transparencia no es solo un requisito administrativo; es un valor y un acto de respeto hacia la ciudadanía”, afirma.
Este modelo no solo fortalece la rendición de cuentas, sino que también fomenta la corresponsabilidad social en la transformación de las colonias.

Historias que reflejan el cambio
Los resultados del trabajo comunitario se reflejan en historias concretas.
Niñas y niños que ahora cuentan con sanitarios dignos en sus escuelas; familias que después de décadas de espera finalmente tienen drenaje; calles que dejaron de ser caminos de lodo para convertirse en vías seguras por donde los estudiantes pueden caminar rumbo a clases.
También hay un componente social importante: el impulso a mujeres que buscan independencia económica y oportunidades para mejorar su calidad de vida.
Cada obra representa una historia de dignidad recuperada y de comunidad fortalecida.
La historia personal que define su liderazgo
Detrás de su vocación de servicio existe una historia familiar que marcó profundamente su carácter.
Natalia Suárez del Real creció en un hogar encabezado por una madre que asumió al mismo tiempo el papel de madre y padre. Desde pequeña aprendió el valor del trabajo, acompañándola diariamente en el negocio familiar.
Ese ejemplo de fortaleza se convirtió en una guía de vida.
“Mi mamá me enseñó que una mujer puede lograr lo que se proponga con valentía, constancia y esfuerzo”, recuerda.
Esa enseñanza ha moldeado su forma de enfrentar los retos del servicio público con disciplina, determinación y una profunda convicción social.
Liderazgo femenino con esencia propia
En un entorno político históricamente dominado por hombres, Suárez del Real considera que el mayor desafío para las mujeres en la vida pública es construir liderazgo sin renunciar a su esencia.
¿Qué actividades te ayudan a mantener equilibrio emocional y claridad mental? ¿Ser mujer trabajadora y madre de familia?
Hago mucho ejercicio, corro, hago pesas y ando en bicicleta. Procuro que sea lo primero que haga en la mañana porque es mi manera de relajarme, escucho música mientras lo hago y eso me da felicidad. Estudio el Doctorado en este momento, entonces por las noches aprovecho a leer y terminando todo me doy mi espacio para meditar antes de dormir. Los fines de semana se lo dedico a mi hijo para hacer actividades que nos permitan tener tiempo de calidad y estar cerca de él.
En un mundo en el que las críticas son cada vez más frecuentes, ¿qué consejo le darías a las personas que te están leyendo?
Creo que no todas las polémicas merecen respuesta. Yo les diría que le demos importancia a las cosas que nos impulsen, motiven y ayuden a vivir mejor, y evitemos aquellas que nos alejan del bienestar. Mi criterio es simple, si se suma a que todos vivamos bien, vale la pena, si solo nos aleja de nuestro objetivo, prefiero dejarlo pasar y seguir enfocada en lo que realmente transforma.
¿De qué manera una mujer como tú dentro de la política puede ayudar a las familias poblanas a transformar o empoderar?
Busco trabajar y transformar nuestras colonias y empoderar a cada vecino desde la cercanía. Creo en un liderazgo que escucha, que acompaña y que está presente en cada comunidad.
Mi compromiso es empoderar a cada vecino, estar atenta a sus preocupaciones y convertir sus necesidades en acciones concretas que mejoren su entorno y fortalezcan a sus familias.

LIDERAR SIN PERDER LA ESENCIA
En un entorno político históricamente dominado por hombres, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrenta una mujer en la agenda pública? ¿Cómo construyes liderazgo femenino sin replicar dinámicas tradicionales de poder en un mundo todavía marcado por el machismo?
Una mujer en la agenda pública enfrenta cuestionamientos adicionales sobre su vida personal, su carácter o su forma de ejercer autoridad. Construir liderazgo femenino implica no renunciar a nuestra esencia y no adoptar prácticas autoritarias para ser tomadas en serio. El liderazgo puede ser colaborativo, incluyente y profundamente humano.
Tras la controversia que viviste, ¿qué lección de vida aprendiste?
Cuando un tema se viraliza, muchas veces deja de centrarse en los hechos y se construye sobre juicios y suposiciones. Viví de primera mano cómo, en la inmediatez de las redes, puede perderse de vista que detrás de un cargo público hay una persona, una mujer con familia, historia y principios.
Aprendí que la crítica es parte del camino y la asumo con responsabilidad. Mi decisión fue actuar con serenidad. No creo en responder desde el enojo, sino desde la congruencia y los principios que me definen.
Mi convicción es clara, y creo firmemente que el trabajo constante, la dignidad y la transparencia, siempre hablarán más fuerte que cualquier polémica pasajera.

La historia de Natalia Suárez del Real recuerda que el servicio público encuentra su verdadero sentido cuando se vive con convicción.
Caminar las colonias, escuchar a la gente y transformar esas voces en obra comunitaria es una forma de gobernar que devuelve confianza a la ciudadanía.
Porque cuando la política se construye desde la cercanía, el bienestar deja de ser una promesa y se convierte en una realidad que se ve, se toca y se vive en cada calle, en cada escuela y en cada familia.
Y es ahí, precisamente ahí, donde comienza la verdadera transformación de una comunidad.
FB Natalia Suárez del Real
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