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Cuentas alegres

Cuestiona desinformación presidencial en México: entre populismo y narrativa, se analizan afirmaciones sobre democracia y sistema de salud.

Contrario a la creencia de que el presidente es la persona más informada del país, otra es realidad.

Informarse requiere disciplina, método y disposición.

No es fácil, mucho menos en una autocracia de corte populista, porque las pasiones se sobreponen a las razones.

Los presidentes acaban por creer su prédica, por absurda que sea.

López Obrador afirmaba que el sistema de salud sería semejante al de Dinamarca, mientras que la presidenta Sheinbaum dice que México es el país más democrático del mundo por la farsa de la elección judicial.


El populismo lleva fatalmente a la polarización, esto es, un ambiente de guerra en el que la primera baja es la verdad. La verticalidad no da lugar al cuestionamiento ni a la reflexión crítica, que llevan a la autocomplacencia.

Era inevitable que Jesús Ramírez Cuevas, precisamente por sus limitaciones y mediocridad se impusiera a Julio Scherer
Ibarra quien tenía sentido de los límites del poder presidencial.

Julio era molesto, Jesús daba vuelo a las pulsiones de AMLO. Julio le ponderaba los costos de las decisiones; Jesús confirmaba que él caminaba sobre el agua.


Scherer Ibarra no fue el en el desencanto por el naufragio del proyecto. Otros optaron por retirarse. El ingeniero Javier Jiménez Espriú se oponía a militarizar al sector; Germán Martínez a las decisiones desastrosas en salud y Carlos Urzúa por el desorden financiero del gobierno.

El presidente se regodeaba con las encuestas mientras que el país lo padecía. Las cifras de seguridad, crecimiento económico, finanzas públicas, corrupción, salud, educación, amén de las obras emblemáticas son testimonio inequívoco de una gestión pública desastrosa; las asignaciones monetarias a la población y el incremento de los salarios no da para justificar o compensar, ni siquiera en términos de bienestar, porque los mexicanos están peor ahora, a pesar de los dineros que reciben.


Las cuentas alegres confunden a la presidenta Sheinbaum. La más dañina de todas es la del acuerdo presidencial que revelan las encuestas, a pesar de que esos mismos estudios muestran que el gobierno está reprobado en todos los temas: seguridad, calidad e integridad de gobierno, economía, soberanía e independencia nacionales.


Las encuestas no miden razones, sino emociones, estados de ánimo y como tal, por creencias profundas, quien ocupa la presidencia es un símbolo que se resuelve en el imaginario a partir de fijaciones históricas, siempre alejadas de la cultura y valores ciudadanos.

El poder de la mañanera es que recrea las fantasías populares sobre la eficacia y calidad de su líder político, proceso que se resuelve a través de la reproducción de la narrativa fantasiosa y acrítica que hacen los medios. Esto explica la intolerancia a la crítica y que el escrutinio independiente al poder esté sujeto a un permanente ataque y acoso por la presidencia de la República.


La presidenta Sheinbaum compró la idea de que su popularidad era la solución al incierto -por decir lo menos- escenario electoral en 2027. El país no importa, sino la reproducción del régimen político en el poder.

El argumento fue lineal: si se tenían esas cifras de aprobación, por qué no adelantar la consulta para la ratificación de mandato en 2027 y de paso habilitar en la Constitución para hacer campaña.

Sí, hacer campaña, no sólo hablar, como lo ha afirmado la mandataria. El texto propuesto dice: «La persona sujeta a revocación podrá difundir el proceso y promover el voto a su favor en los términos que establezca la ley de la materia”.

Igual que su antecesor, la presidenta Sheinbaum invoca libertad de expresión cuando, en realidad, es una forma deliberada para avanzar en la causa política propia, privilegiando los objetivos electorales y, de ser el caso, dar un navajazo alevoso a los críticos independientes y opositores.


La presidenta o quien le aconseje llevar adelante la consulta de ratificación lleva mal las cuentas.

El asunto es muy delicado, además, el país vive momentos inéditos por la lucha contra el crimen y la amenaza que representa el gobierno norteamericano.

Una presidenta en campaña es una grave irresponsabilidad; además, no hay claridad sobre qué pueda venir.


Al régimen se le volvió costumbre estar en permanente campaña y olvidarse de los problemas del país.

Las cuentas alegres además de engañosas distraen a la presidenta de su mayor responsabilidad.

Su exclusión en el operativo para aniquilar al líder del CJNG es una llamada de atención sobre la ausencia de la presidencia, incluso en temas tan graves como el de la seguridad nacional.

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