Miles de mujeres y niñas en la Franja de Gaza viven una emergencia silenciosa: la falta de higiene menstrual y de condiciones mínimas de privacidad que erosionan su identidad, salud y bienestar emocional.
En medio de una crisis humanitaria devastadora y cada vez más marcada por el colapso de los servicios básicos, miles de mujeres y niñas en la Franja de Gaza viven una emergencia silenciosa por una crisis de higiene menstrual.
Más de 690,000 mujeres y niñas en edad menstrual necesitan toallas sanitarias cada mes, pero se calcula que más del 75 % de esa necesidad no se satisface debido al bloqueo y la escasez de suministros esenciales.
Sin productos adecuados y con un daño al tejido sanitario, muchas recurren a métodos improvisados como ropa vieja, telas rasgadas o esponjas, elevando los riesgos de infecciones y afectaciones ginecológicas.
Testimonios recogidos por el UNFPA y la OCHA revelan un panorama estremecedor: mujeres y niñas refieren que la menstruación se ha convertido en una fuente de vergüenza, pánico y aislamiento, exacerbado por la falta de privacidad y la superpoblación en los refugios.
Algunas incluso reducen su ingesta de alimentos o líquidos para evitar visitar baños insalubres, y otras se automatizan la menstruación con anticonceptivos ante la imposibilidad de gestionarla dignamente.

Condiciones de vida que despojan de dignidad
Con más del 90 % de la infraestructura de agua y saneamiento destruida o dañada, la escasez de agua limpia, jabón y acceso a baños seguros obliga a mujeres y niñas a gestionar su menstruación sin privacidad ni higiene adecuada y bajo amenaza constante de infecciones graves.
La ONU estima que, de los más de 10 millones de toallas sanitarias necesarias cada mes, menos de un 25 % están disponibles.
Al no contar con productos básicos, muchas recurren a soluciones improvisadas como trapos, franjas de camisas o hasta trozos de las propias tiendas que las resguardan —una práctica que pone en peligro su salud reproductiva.
Algunas mujeres envuelven una sola toalla con papel higiénico para estirarla, mientras que otras han llegado a sentir que su identidad femenina se desvanece: “Cada vez que me viene mi periodo, deseo no haber sido niña”, confiesa una sobreviviente.
La falta de higiene adecuada ha desencadenado infecciones de tracto urinario y reproductivo, además de sufrimiento psicológico por la exposición y suspensión de redes de protección.
Organismos como UNFPA han distribuido kits de higiene suficientes para cubrir dos meses a más de 300 000 mujeres, y kits especiales para adolescentes, pero la necesidad superas ampliamente los recursos disponibles.
Oxfam ha innovado con kits reutilizables —incluyendo pantaletas y bolsa de lavado que requieren apenas 500 ml de agua— una solución práctica en un contexto de escasez de agua crónica.











