La más reciente Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) publicada por el INEGI con información a diciembre de 2025, muestra un panorama laboral caracterizado por un crecimiento en el número total de personas ocupadas, acompañado de desafíos persistentes en términos de calidad del empleo y formalización.
La población ocupada se estimó en 60.4 millones de personas, lo que implicó la generación de poco más de un millón de empleos durante 2025. Esta expansión permitió que la tasa de desocupación se mantuviera en niveles históricamente bajos, cercanos a 2.4%, reflejando una alta capacidad del mercado laboral para absorber fuerza de trabajo.
Sin embargo, detrás de estas cifras positivas se observa una estructura laboral con importantes limitaciones. Una parte sustancial del empleo creado durante el año se concentró en actividades informales, es decir, ocupaciones sin acceso a seguridad social, contratos formales o prestaciones laborales. Esto significa que, aunque más personas lograron incorporarse al mercado de trabajo, una proporción relevante lo hizo en condiciones de mayor vulnerabilidad económica y menor estabilidad.
La informalidad continúa representando más de la mitad del total de personas ocupadas, lo que impacta negativamente en la productividad, en la recaudación fiscal y en la capacidad del sistema de seguridad social para garantizar protección a largo plazo.
Otro rasgo relevante es la desigualdad en la dinámica de incorporación al empleo por género. Los datos muestran que el crecimiento de la ocupación durante 2025 se concentró principalmente en los hombres, mientras que la participación femenina avanzó de manera marginal. Esta situación refleja barreras estructurales persistentes, como la sobrecarga de trabajo no remunerado, la limitada disponibilidad de servicios de cuidado y la concentración de mujeres en sectores con menor dinamismo laboral. Además, el aumento del autoempleo y del trabajo por cuenta propia sugiere que una parte de la población ha optado por estrategias de subsistencia ante la falta de oportunidades formales, lo cual refuerza la tendencia hacia esquemas laborales menos estables.
Al cierre de 2025, el mercado laboral mexicano puede describirse como cuantitativamente dinámico, pero cualitativamente frágil. La combinación de bajo desempleo, alta informalidad y brechas de género indica que el principal reto no es únicamente generar más puestos de trabajo, sino mejorar sus condiciones.
Para 2026, las expectativas apuntan a la necesidad de impulsar políticas orientadas a la formalización, al fortalecimiento de la productividad y a la inclusión laboral de mujeres y jóvenes. Si se logra avanzar en estos frentes, el crecimiento del empleo podría traducirse en mayores niveles de bienestar, estabilidad social y desarrollo económico sostenible. De lo contrario, existe el riesgo de que el país mantenga un mercado laboral amplio en términos numéricos, pero limitado en su capacidad para ofrecer trabajos dignos y con protección social efectiva.
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