De la profundidad despiertan el silencio y el arrecife oscuro
con que se mira al cielo más allá de su color
y juntos como árbol y raíz y espacio
en el horizonte cuajan soledad y porvenir
el hiato con el que rompemos cada día
al narrarlo entre formas que se pierden en la línea
que al abovedarse llena campos y destellos
del singular espectáculo corporal que humaniza
y abre colinas del pecho y líricas de los muslos.
Son aves los brazos que del zumo templado del ambiente
acortan las distancias que del juicio pierden
y del crepitar las venas que hacen sal en fuego
reprimen ideales que dan paso al instinto
al tamiz que rastrea de los besos la corteza
que recoge de pisadas la crisálida de orgasmos
que argumenta con el centro del ombligo
la intrépida muralla que compite con el sol
y une en la línea del disfrute de lo propio y lo obsceno
el placer universal de poseerse.
Posesión que es mendrugo hecho diluvio
que se entorna con lunas de los montes bajo el cuello
y que de la brisa instantánea recoge
ora de tratos carnales que yacen
ora de la abnegación que se pierde entre frutales
la definición que es atadura y génesis
principio de la carne y final de voluptuosidad
con que los amantes ostentan sus sudores
y huelen sus destinos lujuriosos.
De la venturosa tierra viste el trigal de amor
que copia del creador la proyección del cuerpo
que religiosamente amado se ufana
y henchía cada puerto con velas y mares
y todo rincón con misterios y oquedades
y retorna al bello estado de quietud
en el que retorna el ser al lugar donde renace
entre la invitación y la coronación del horizonte.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com












