Sobre mi padre

La chica única

No me puedo quejar de mi infancia, ni de mi padre.
Fui y soy feliz.
Tuve una casa, no como todos, pero sí como muchos.

Mi papá se separó de mi madre cuando yo era niña.
No se en realidad qué pasó. Un día discutieron y mi papá abandonó la casa, luego vinieron los abogados y un día mi mamá llegó llorando: habían firmado el divorcio

Yo no sabía qué hacer ni qué decir.
Solo sabía que mi padre y mi madre seguían siendo responsables conmigo y que no habían dejado de amarme.
La custodia de mi hermana y mía quedó a cargo de mi padre.
No era que mi mamá no nos quisiera, pero sus condiciones no alcanzaban para tenernos. Ya saben: tiempo, casa, dinero y cositas por el estilo.

Desayunábamos juntos, nos turnábamos para lavar los trastes, barríamos y trapeábamos, para luego ver la tele.
Después venia la cena y a dormir.
Las palabras de mi padre eran casi siempre las mismas, lávense los dientes, dense buenas noches y a dormir, sino tienen sueño me avisan para que hagan quehacer.

Había días en que si mi papá estaba de buenas entraba al cuarto y me contaba un cuento. Al final no existían y los inventaba.
Así transcurrieron varios años de mi infancia.

Hoy vivo sola y a veces extraño la mesa, a mi hermana que vive en CDMX y los taquitos que comprábamos en la esquina de la casa para cenar. Pero también extraño a mi padre, que siempre nos cuestionaba qué habíamos hecho en el día.
Disfruto mi soledad, pero a veces también tengo miedo.

La casa está sola. De noche oigo ruidos y escucho pasos, no duermo.
Pienso -¿Y si entra un ladrón? ¿Y si saben que vivo sola? ¿Y si envenenan a mi perro para que no ladre?-.
Cuando el pánico me vence le marco a mi papá, quien no ha dudado ninguna vez en venir a dormir a mi casa si se lo pido.

Creo que tengo mucha suerte.
Mi papá siempre me enseñó lo ‘cabrona’ que es la vida y la gente (no toda), me enseñó que las mujeres debemos ser rudas, enojarnos y si la ocasión lo amerita, mandar a la chingada a quien se quiera propasar con una (por mínimo que sea).

‘Cuando alguien te quiera alzar la mano ya no hay segundas oportunidades‘, me decía cada que podía.
Me enseñó que la vida pocas veces cambia y que si cambiamos de ángulo la veremos diferente.

Ojalá nunca me entere de algún secreto oscuro sobre mi padre, me moriría en vida y el héroe que tengo acabaría enterrado.
Lo dudo, pero una nunca sabe.

PD: Si tiene un padre que es a todo ‘PADRE’, abrácenlo siempre y, este domingo, llévenle su cervecita.

@lachicaunica_