Durante su presentación del Estudio Económico de México el 2 de mayo de 2019, el Secretario General de la OCDE, José Ángel Gurría, entre otros aspectos refirió tres grandes cambios que están afectando el desempeño económico del país.
El primero es la desaceleración del entorno económico internacional, con marcadas tensiones comerciales, incertidumbre política, agudización de las condiciones financieras y debilitamiento de los planes de inversión de las empresas.
Otro es la incertidumbre en las relaciones de México con los Estados Unidos y el retraso en la ratificación del TMEC. En tercer lugar está la transición política que está creando transformaciones profundas en las prioridades de política económica como resultado de decisiones que naufragan.
Aunque el Secretario General Gurría mencionó que el contexto macroeconómico del país es sólido, éste podría estar en riesgo por la imprudente decisión de mantener a toda costa la estabilidad de PEMEX, al poner en duda la calificación crediticia de México en los mercados de deuda soberana, puesto que la debilidad de esta empresa afecta la deuda pública del país, lo que llevaría a pagar mayores intereses por la deuda y disminuir aún más los recursos para salud, educación, infraestructura y reducción de la pobreza.
Otro riesgo es la debilidad estructural de la economía y su notable desigualdad que recrudece las condiciones de pobreza creando un ambiente poco incluyente. Los niveles del PIB per cápita son los más bajos y los niveles de pobreza resultan los más altos de la OCDE. La distancia entre nuestro nivel de vida y el de los países más ricos se ha venido ampliando y los avances son tan lentos que afectan la productividad, impiden elevar el nivel educativo y mantienen la desigualdad y pobreza.
El peso de nuestras desigualdades es brutal: el ingreso promedio de los mexicanos del 20% más rico es 10.3 veces mayor que el del 20% más pobre. Las inequidades regionales son manifiestas: mientras que en Nuevo León la tasa de pobreza es de menos de 20%, ésta supera el 60% en estados como Veracruz, Guerrero, Oaxaca y Chiapas.
Otro riesgo es la informalidad. Este fenómeno lo vive cerca del 60% de los mexicanos, los cuales trabajan en constante zozobra, sin seguro social ni pensión.
El reto de la salud hoy se complica por la falta de inversiones y los severos ajustes y recortes presupuestales para estar en posibilidad de financiar los programas electoreros. Relacionado con este problema está el de las pensiones, tema que se ha soslayado pero que en el futuro inmediato habrá de presionar enormemente el presupuesto.
Otro tema dejado de lado es la necesaria y urgente reforma fiscal, tema por demás polémico y que repercutiría negativamente en el gobierno por su impacto político, pero tema también estratégico por la urgencia de fortalecer los ingresos por la vía fiscal. Es relevante aumentar la progresividad del sistema de cargas impositivas para hacer que quien más gana más contribuya. Además, es indispensable ampliar la base de contribuyentes, combatir la evasión y elusión fiscales con más vigor y reducir exenciones en el ISR, así como recaudar más recursos del impuesto predial y otros impuestos locales.
Es urgente promover la competitividad, efectuar una profunda mejora del sistema educativo aprovechando la nueva “reforma de la reforma educativa”, diseñar y mejorar, en serio, los programas sociales que en verdad busquen atacar las desigualdades y reducir los niveles de pobreza, a fin de que los más de 5,000 programas sociales del gobierno no sean ejercidos de manera fragmentada y efectivamente lleguen a los sectores pobres, no a la clientela política.
Los desafíos son enormes y gracias a un gobierno sin visión, sin estrategia, sin reflexión seria, responsable y profesional acerca de los problemas que mencionamos y otros más relacionados con éstos, el presupuesto deja de tener influencia, deja de tener impacto, deja de atender a los propósitos que el propio presidente López busca: primero los más pobres.
Se abre en el gobierno federal una grieta: el contraproducente enfrentamiento entre equidad y eficiencia, la disputa entre redistribuir en serio con programas sociales auténticos y mantener una sólida economía en sus principales indicadores macroeconómicos. El posneoliberalismo enfrentado al posneoliberalismo: la popularidad que se convierte en antipopular.
La renuncia-denuncia de Germán Martínez Cázares, seguida de la pifia de la extitular de la Semarnat que terminó en despido, no son simples acontecimientos; por el contrario, son muestras de un presidente de la República que no sabe qué hacer, que los problemas lo están rebasando, que no sabe si dar prioridad a un régimen genuino de equidad probada y senda de crecimiento creíble, o seguir especulando con programas electoreros, regalando dinero, mal invirtiendo en un saco sin fondo como Pemex y dando la espalda a la realidad nacional. Andrés Manuel López Obrador se enfrenta consigo mismo: es la lucha entre la venta de las falsas expectativas diarias y la decisión de decidir como presidente de la República, la disputa entre popularidad y responsabilidad de un liderazgo.











