Quería por el cambio ir y recorrerlo
para llevarlo donde el oxígeno agota
pero ansiedad y miedo barruntaron
el abandono de todo lo aprendido.
En torno a ese mar abierto
la serenidad perdió fe y confianza
y sin distinciones ni espacios
el alma fue torturada y enceguecida.
Mi barca se hizo al ritmo de mar.
El timón de las olas fue corolario.
Sin dirección el viento conquistaba.
La sal visitaba prados y montañas.
Pero con su silenciosa batalla erótica
por elevarse a pesar del terroso destino
las flores me mostraron su camino
tal si elocuentes rostros de eternidad ascendente.
Esa identidad de flores ha florecido en mí.
Y esa humanidad en su enseñanza resuena.
¡Cómo no reconocer las otras batallas eróticas
y juntos humanizar a las bellezas del campo!
De un tiempo acá vislumbro horizonte.
Suenan ya las manos al contacto del agua.
El orgullo plasma sonrisas hoy y mañana.
Hay nuevos cuencos que levitan con sonidos.
Mi correo es ricardocaballerodelarosa@gmail.com











